La gente cierra callejones por la inseguridad La gente que vive en 25 callejones de la urbe paceña dijo que ladrones, alcohólicos y drogadictos aprovechan los espacios estrechos para delinquir. La Alcaldía señala que poner puertas a una vía está prohibido.
EN LA ELOY SALMÓN • Al pasaje Crispín Andrade le pusieron rejas y puertas debido a que varias casas fueron robadas.
“La cantidad de asaltos, aprovechando la oscuridad del callejón donde vivo y la falta de seguridad ciudadana, ocasionó que entre todos los vecinos decidamos cerrarlo”, dijo Luisa Robles, que vive en el callejón Burgaleta (San Pedro). En la ciudad de La Paz, el 10% de los callejones tiene rejas y puertas de ingreso, según datos de la Alcaldía paceña.
Carlos Gerl, responsable de la unidad edil de Nominación de Calles, informó que la ciudad tiene 500 callejones en sus siete macrodistritos urbanos. “De esta cantidad, se calcula que el 10% fue cerrado por diferentes motivos”, uno de ellos la falta de seguridad ciudadana.
El miércoles, La Razón realizó un recorrido por 25 callejones de la ciudad, entre los que fueron cerrados y los que siguen abiertos. Detectó en todos esos pasajes, según los vecinos, que existe proliferación de alcohólicos, cleferos y ladrones.
“Antes de que se instale el Instituto Balagüer, el pasaje Caracas (sobre la avenida 6 de Agosto), era el lugar de remate de los jóvenes que bolicheaban por la zona. Hace unos años, entre todos los vecinos de las proximidades, se determinó cerrarlo”, contó Luis Revollo, que vive en el sector.
En otros callejones visitados, el ingreso permanece abierto y los vecinos aseguraron ser víctimas de constantes hechos delictivos. “Viajé con mi familia a EEUU por casi un mes. En ese tiempo los ladrones robaron en ocho ocasiones a las viviendas de este callejón. Decidimos cerrarlo como un barrio privado, pero en la subalcaldía nos dijeron que está prohibido”, indicó Sandra de Aguilar, vecina del pasaje José Cardón, en Sopocachi.
Según Roxana Zeballos, coordinadora edil de Gestión de Ordenamiento Territorial, no existe un procedimiento para el cierre de callejones porque “según las normas vigentes está prohibido”.
Los vecinos también se quejaron de que los callejones, en muchas ocasiones, son usados como baños públicos. “Vivo en el callejón Enrique Mallea, sobre la Manuel Cossío (zona Los Andes), y los indigentes y alcohólicos, pese a que el pasaje está al lado del mercado, usan las paredes de las casas como mingitorio y en una ocasión que les reclamé, se enojaron tanto que rompieron mis vidrios. Quisiéramos cerrar el paso”, precisó Milton Coritza.
La situación es similar en la zona Sur. Según los vecinos, el callejón de la calle 19 de Calacoto, sobre la avenida Ballivián, es el punto de concentración de vehículos para ingerir alcohol.
“Los últimos modelos de vehículos se paran desde las 23.00, ponen música a todo volumen y se emborrachan. Esas reuniones terminan casi siempre en peleas”, comentó Paola Sanjinés.
El director edil de Seguridad Ciudadana, Mauricio Rocabado, aseguró que el control de los callejones “es atribución de las subalcaldías y de Sistemas Viales”.
Violaron a una menor de edad
El callejón León de la Barra, situado sobre la avenida Abaroa, fue cerrado por los vecinos luego de que unos alcohólicos atacaron y violaron a una niña.
“Hace casi dos años, todas las noches los alcohólicos de la zona se acomodaban en las puertas de nuestras casas para alcoholizarse. Esta gente se retiraba a las 06.00, aproximadamente. Un día una niña de nueve años salió a las 08.00 a comprar pan y entre tres hombres la atraparon, le pusieron un trapo en su boca para que no grite y la violaron”, contó Rosa Tintaya, vecina del lugar.
Tintaya indicó que todos los vecinos del pasaje en reiteradas ocasiones llamaron a la Policía e incluso acudieron a sus instalaciones para que saque a los alcohólicos del sector, “pero nunca hicieron caso a las llamadas”.
Posteriormente, decidieron cerrar el callejón. “Cada familia dio cuota y compramos el material. Desde entonces vivimos más seguros”, afirmó la vecina.
Existen dos locales de remate
En el callejón Fernando Larrea, situado sobre la calle Manco Kápac, funcionan dos locales, denominados por los vecinos como sitios “de remate”.
“Estos locales reciben a jóvenes las 24 horas del día y les venden tirillo y parece que hasta se mueve droga”, contó Waldo Flores, vecino del lugar.
Este medio, el miércoles cerca de las 10.00, vio el ingreso de dos jóvenes a uno de los locales, mientras que otro salía en completo estado de ebriedad.
Las ventanas de las viviendas ubicadas en este pasaje tienen fierros en punta, según Flores, para evitar el ingreso de ladrones. “Vivimos completamente atormentados. Aquí se ven todo tipo de hechos, desde peleas con navajas y gente herida en las esquinas hasta actos sexuales, incluso entre travestis”.
El vecino indicó que la Policía no acude al sector por temor. “Además, una vez quisimos cerrar el callejón, pero los dueños de los bares nos amenazaron”.
Un tiempo estuvo cerrado
El pasaje 1590, situado sobre la calle Guerrilleros Lanza, en Miraflores, fue cerrado por los vecinos durante una temporada, pero al arruinarse la puerta de ingreso volvió a ser el punto de reunión de los alcohólicos.
“En el callejón se congregan los jóvenes a consumir bebidas alcohólicas, luego de los conciertos que se realizan en el estadio”, relató Alejandra Arrien, que vive en el sector. Aseguró que los estudiantes de los colegios de las proximidades, a la hora de salida, se citan en el pasaje para pelearse. “Y el otro día vimos a dos hombres que tenían relaciones sexuales, aprovechando que sólo hay un foco en el pasaje”. Aclaró que todos los que habitan el callejón exigen que éste se cierre.
Es el hogar de los alcohólicos
El callejón Carrasco, sobre la calle Killman en la zona Max Paredes, desde hace más de tres años, se ha convertido en el albergue para los alcohólicos, contó la gente que vive ahí.
“Todas las noches, desde las 21.00, comienzan a llegar todos los borrachitos de la zona, están en grupo un rato y luego se acomodan a dormir en las puertas de las viviendas y no permiten que nadie ingrese o salga de los inmuebles, es peligroso”, dijo el miércoles Víctor Huallpara.
Indicó que en una ocasión una señora tenía que salir de su casa porque estaba dando a luz y el marido, que salía primero, fue atacado por los alcohólicos. “Estamos amedrentados, quisiéramos cerrar el callejón”.
El callejón se llena de cleferas
Los vecinos de la calle Antonio Gallardo señalaron que el callejón del mismo nombre, a partir de las 04.00, alberga a las cleferas de toda la zona de Chijini.
“Yo trabajo en una distribuidora de pollos y la empresa me trae mercadería a las 03.00 y veo cómo llegan las cleferas en taxis y se meten al callejón, incluso algunas veces llegan totalmente desnudas. También vienen hombres cargados de cervezas y se quedan en el lugar hasta que amanece”, indicó Romel Yucra.
Él señaló que en varias ocasiones llamaron a la Policía y escribieron cartas a la subalcaldía, “pero nadie nos atiende y estamos desesperados”.
Los vecinos le pusieron rejas
El pasaje Alborta, sobre la calle Belisario Salinas, entre las avenidas 6 de Agosto y 20 de Octubre, fue cerrado hace más de un año debido a la cantidad de atracos que sufrieron los vecinos y a la invasión nocturna de jóvenes en estado de ebriedad.
“Vivimos cerca de dos universidades y de la plaza Abaroa y los fines de semana, el pasaje se llenaba de jóvenes en estado de ebriedad. Luego comenzaron a presentarse robos en los inmuebles, no todos son viviendas, así que decidimos entre todos los propietarios cerrar el ingreso del callejón, desde entonces vivimos más tranquilos y seguros”, señaló el vecino Gustavo Mendoza.