La obra Frágil, de Teatro de Los Andes, marcó creativamente la vida de la actriz María Teresa Dal Pero. Cinco años después, en una necesidad de prolongar esa vivencia personal y artística más allá de las tablas, la pieza teatral dio pie a la creación de un universo que reafirma conceptos, reinterpreta objetos y desencadena reacciones diversas.
Deshabitado o el empalago del ser es la video instalación que revela una imperiosa necesidad de expansión en Dal Pero. Alejada ya del grupo teatral de Yotala, la semilla sembrada por Frágil da frutos en una pieza independiente. Quien vive la instalación no requiere haber ido al teatro: son dos seres autárquicos unidos, eso sí, por un cordón umbilical.
El verbo ´vivir´ no es casual. Luego de una primera sala con el baúl solitario (que en la obra sirve de refugio al personaje de Lucía), habitado únicamente por el vestido de papel (símbolo de niñez y fragilidad), una roja cinta marca el camino a la segunda sala: un circuito para los sentidos.
Allí, los visitantes pueden interactuar con elementos que, si bien salen del teatro, afianzan su simbología y se prestan a múltiples interpretaciones. Se puede ver el video que multiplica a la Lucía que ofrece su corazón de gelatina a los transeúntes en el Puente de las Américas, a la que construye su ropa —su pudor, su frágil armadura— como quien recorta trajecitos para las ´mariquitas´, a la que arrastra el corazón con el vestido manchado.
También en video, una grabación de la obra de teatro evoca el pasado, mientras las intervenciones de Dal Pero —freeze, slow motion, aceleración— marcan sus huellas en el presente.
El resto de la instalación invita al espectador a incorporar más sentidos a los elementos: tócate (con un arco de violín), arrástrame, cómeme, sácate una foto... Un esfuerzo por perpetuar una vivencia teatral para trascender en cada uno de los visitantes.