Hace 3.000 años antes de Cristo, el hombre domesticó a la llama y este baile representa el pastoreo de este animal sagrado. La expresión artística entró a la ciudad de La Paz en el siglo XIX con la fiesta de Alasita.
Redacción Jorge Quispe • Fotos: Andrés Rojas-Lily Zurita y Libro Oruro Fantástico
Dos arrieros guían un rebaño de 11 llamas donde la lana de color blanco sobresale. 3.000 años antes de Cristo, un artista pintó esta imagen en las cuevas de Qala Qala, Oruro. Hoy la pintura cobra movimiento con la alegría que derrocha la juventud en el Gran Poder, el Carnaval de Oruro y Ch’utillos en Potosí.
Antes el dibujo y la danza reflejaban la vida diaria. Por eso el historiador y fundador de la Llamerada San Andrés, Fernando Cajías, propone: “Qala Qala es la muestra más antigua que se tiene de la representación del llamero”. Las raíces de esta coreografía están también en La Paz y Potosí, y hay vestigios en Perú y Chile, donde la llama era muy preciada. “Es una danza mimética porque imita un tema de la realidad. La llamerada es de origen rural y representa el pastoreo”, explica Cajías.
Los Indios y San Andrés, en la sede de gobierno, la llamerada del municipio de Pucarani; además de Socavón y Norte en Oruro difunden el baile y encarnan a los primeros llameros andinos.
Los qarwanis de ayer En la época del Tawantinsuyo los arrieros recorrían viejos senderos junto a sus llamas para ir a la fiesta del Inti Raymi en Cusco. La tesis es lanzada por la historiadora peruana Elsa Paredes y agrega: “Es de origen incaico”.
Cajías va más allá. Los primeros qarwanis, o personas que poseen llamas, vivieron en la época Preagrícola, luego aparecieron en la Aldeana, en la Wankarani, muy ligada a las llamas; la Tiwanakota, la Aymara donde el animal era muy sagrado y al final presenciaron la llegada de los incas en 1438.
Siempre hubo llameros, al punto que perfeccionaron la técnica, la del rodeo andino, donde los guías hacen un cerco humano en torno a la manada para luego efectuar la “wilancha” o sacrificio de sangre para la tierra con una llama blanca. En el libro Llamerada Norte, de Oruro, se sostiene que este baile “es un recuerdo de aquel rodeo andino”.
La vitrina de Alasita En el siglo XIX, la fiesta de las miniaturas o Alasita se consolidaba en la ciudad de La Paz. Campesinos y migrantes se instalaban junto a los artesanos para exponer sus productos, pero además para bailar la llamerada.
“Es en el Carnaval de Oruro y en la Alasita de La Paz cuando aparece este baile”, observa Cajías.
El historiador no cierra la posibilidad de que la llamerada se haya practicado mucho antes en otros pueblos. En La Paz, la llamerada de la zona de Sopocachi, en la fiesta de la Inmaculada Concepción, es una de las más antiguas en la ciudad, a pesar de que no existe una memoria sobre las fraternidades de los barrios paceños donde se tengan estos datos.
La máscara que silba Tiene ojos vivos, pestañas y cejas pronunciadas, bigote, barba y una mueca como si estuviera silbando por siempre a sus llamas. Así es la máscara del llamero. “En las fiestas los danzantes se apropian de otras identidades, de osos o diablos. Pasa lo mismo en la llamerada”, explica Cajías.
Pocos ahora la usan. “Porque se hace difícil bailar”, lanza Ángel Tarifa, presidente de la fraternidad San Andrés. Únicamente Norte, en Oruro, tiene bloques fijos con al menos 20 integrantes que usan el antifaz de yeso. Estos llameros son para Cajías los más tradicionalistas. Los varones son los únicos que utilizan la máscara.
El atuendo que utiliza el bailarín mezcla antiguos elementos empleados por aymaras desde la precolonia y colonia hasta el siglo XIX, con otros propios ya del hombre andino contemporáneo.
Junto a la careta, está la k\'orawa u honda, una pieza de soga de lana para arrear a las llamas.
Si la k\'orawa es característica de la llamerada, la montera es su símbolo. El hombre y la mujer usan este sombrero de cuatro puntas que recuerda la figura de los antiguos aymaras de inicio del siglo XX. En la actualidad, mujeres de Charazani y Amarete, en La Paz, aún la utilizan.
El varón viste además una camisa de bayeta y un pantalón corto del mismo material hasta un poco más abajo de las rodillas; junto a calcetas de cayto o lana de oveja, abarcas u ojotas, un aguayo de colores que cruza la espalda, pasando por el hombro derecho y debajo del brazo izquierdo para concluir amarrado sobre el pecho. Un chumpi o faja multicolor rodea la cintura y una wiska o soga trenzada y enroscada, hecha de lana de llama, cruza el cuerpo en sentido contrario al aguayo.
La vestimenta de la mujer incluye además una pollera ancha y larga, que reemplaza al antiguo axsu que era más tubular. Usan centros o mancanchas, una blusa y en el pecho un aguayo cruzado similar al que utilizan las campesinas durante las fiestas.
La montera hace que Cajías reafirme que la danza “es una, sino, la más antigua del mundo andino”. El fundador y fraterno de San Andrés lamenta que hayan algunos grupos que ahora quieran bailar con sombreros. Otro elemento que se ha perdido es la ch\'uspa, donde el arriero llevaba la coca para sus largos viajes.
La danza también tuvo algunos cambios, pero mantiene su esencia. “Que unos lo hagan al ‘un, dos, tres’ o ‘dos, dos, cuatro’ es indiferente”, explica Cajías.
Los varones y mujeres imitan el paso lleno de gracia y cadencia de las llamas que siguen al macho que va al frente guiándoles.
Las letras también sufrieron modificaciones con el paso de los años y aunque se sigue cantando a la llamita, la alegría y el amor son fuente de inspiración.
San Andrés danza hace 22 años En 1980, la Universidad Mayor de San Andrés participó por primera vez en el Gran Poder con la llamerada. Seis años después se fundó la Llamerada San Andrés.
“Ahora la llamerada juega un papel generacional integrador, porque participan niños, jóvenes y mayores, aunque el motor siempre es la juventud”, articula.
No se masificó como el caporal o la morenada, pero siempre está presente, como lo demuestran los fraternos. Alejandro Pari (29) baila llamerada “porque es una danza alegre y juvenil”, mientras Sandro Careaga (42) la prefiere “porque representa a La Paz, y derrocha mucha energía”.
Por su parte, sus compañeras Gabriela Chipana (21) y Grace Silvestre (24) hacen la promesa de “bailar en devoción al Señor Jesús del Gran Poder mientras tengamos vida y salud”. Y en coro, todos ensayan el estribillo. “Así se baila llamero, con la llamerada San Andrés. ¡UMSA! ¡San Andrés!”.