Tenía 15 años el día que se percató de su vocación. Se inició tocando en bares y terminó grabando junto a grandes músicos.
Texto • Jorge Quispe Fotos: Nicolás Quinteros
El orureño Humberto Tapia Méndez celebrará el próximo año las Bodas de Diamante junto a su esposa, Felicidad Peralta de Tapia. Sin embargo, cuatro alemanes han sido sus mejores amigos por 50 años: Ronish, Rachals, Smuggler y Honner, con quienes llegó a trabajar hasta la madrugada en jornadas interminables.
´El fantasista del piano´. Así era conocido Humberto en el mundo de la música boliviana. Hace 13 años dejó de tocar el instrumento, pero su talento aún puede brotar cuando escucha la cueca Cholita paceña, el tango El día que me quieras o las melodías de jazz del tema Tiempo de verano.
A sus 78 años, el compositor ahora mira con tristeza cómo el órgano ´mató a los mejores pianistas que teníamos en el país´.
Con el piano en las entrañas Un par de lágrimas resbalan por las mejillas de don ´Beto´, como le llaman en casa, cuando recuerda 1935. Aquel año cursaba la primaria en la escuela España, de Oruro, y escuchó por primera vez a quien sería luego uno de sus maestros en el piano, Severo Durán. ´Fue algo muy hermoso oírle tocar este maravilloso instrumento´.
Tras un efímero sueño de ser chofer, al igual que su cuñado, a sus 15 descubrió su verdadera vocación. Los sonidos del piano llamaron a Humberto. ´Fui empírico y comencé en lugares bajos´, aquellos sitios eran algunos restaurantes, pensiones y algunos bares.
Humberto sentía que debía luchar contra el mundo y nada fue un obstáculo para el orureño. Al poco tiempo reunió un poco de dinero y se inscribió al Conservatorio Nacional de Música.
Levanta la voz y con orgullo recuerda: ´He sido uno de los pocos jóvenes pianistas que ya tocaba con un violinista´. Aquello para esa época ya era un gran mérito, mucho más si se acompañaba al italiano Guillermo Galucci, muy conocido a fines de la década de los 40 en los mejores locales de Oruro y también de La Paz.
Con 20 años cumplidos se casó con Felicidad, cinco años menor que él. Pero fueron cuatro alemanes sus mejores amigos durante medio siglo de vida musical.
Los amigos inseparables Ronish, Rachals, Smuggler y Honner. No sólo son nombres de pianos alemanes para Humberto. ´Fueron compañeros y amigos de largas noches en las que empezaba a trabajar a las once y acababa a las cuatro de la madrugada´.
Todos se encuentran en un pedestal, pero el orureño siempre recuerda el primero que compró. “Fue un Ronish en 1953, cuando yo trabajaba como director artístico y lo adquirí con mis ahorros. Tener tu propia herramienta de trabajo fue lo mejor que me pasó porque así podía seguir estudiando, pues la música se la tiene que cultivar todos los días”.
Ronish, Rachals, Smuggler y Honner fueron más que instrumentos para Humberto, significaron toda su vida. El último que tuvo fue un Rachals que vendió hace tres años y medio. Por eso ´Don Beto´, aún se emociona cuando habla de los pianos. ´Cuando se desafinaban no se podía dar un concierto. Era lo peor que te podía pasar y había que llamar a los afinadores. Los mejores en todo el país en esas épocas eran Gustavo Navarro y Néstor Olmos´.
Humberto tiene ahora todo el tiempo del mundo, pero en los 50 cubría hasta cinco oficios, como el de ser pianista de la Discográfica Méndez, donde grabó con grupos de la talla de Las Kantutas, Las Hermanas Espinoza, Raúl Show Moreno, Los Brillantes y Gladys Moreno, entre otros. Eso sin contar 1964, cuando fue el pianista y el director de la orquesta de la artista argentina-mexicana Libertad Lamarque que se presentó en La Paz, Cochabamba, Santa Cruz y Oruro con llenos completos.
´Era una persona asequible, pero muy exigente en el campo musical. Le gustó mi forma de tocar y siempre que empezaba su presentación hacía notar que el director y pianista era un boliviano y la gente aplaudía. Eso me emocionaba´.
Ese fue el mejor momento y el peor durante uno de los gobiernos de Víctor Paz Estenssoro, cuando tuvo que cancelar más de una presentación por el estado de sitio que se decretaba en el país.
Hoy habla con dificultad, tiene problemas para oír, pero cobra fuerza y protesta. ´Desde que el órgano apareció, la mayoría de los pianistas murieron. Los jóvenes prefieren este instrumento que es más fácil de aprender, cuando el piano es la filosofía de la música´.
A sus 65 años se retiró de la actividad. En su mente aún suenan las melodías de la cueca: Vida mía, que compuso a sus 17, interpretada luego por “Las hermanas Camacho”, sin embargo lanza con resignación: ´dejé para siempre el piano y él me dejó a mí´.
Humberto cumplirá 79 años el 4 de junio. Será un instante para recordar que un día fue: ´El fantasista del piano´, que tocó para Libertad Lamarque y podrá evocar a sus cuatro amigos alemanes: Ronish, Rachals, Smuggler y Honner.
El perfil
Humberto Tapia Méndez nació en Oruro el 4 de junio de 1929. Está casado con Felicidad Peralta de Tapia, tiene seis hijos, 16 nietos y seis bisnietos. En marzo del 2008, la Prefectura del Departamento de Oruro le otorgó la condecoración Honor al Mérito Sebastián Pagador en su grado Escudo Nacional. En 1952 llegó a La Paz y en 1990 recibió la medalla “Escudo de Armas”, del gobierno municipal de La Paz. Grabó discos en Argentina y Perú, compartió escenario con la violinista italiana Yema Dresko, pero además fue director de la orquesta y pianista de Libertad Lamarque en el Cine Teatro Rex, de Buenos Aires, Argentina. Se llevó el Disco de Plata y el Pututu de Plata, distinciones que obtuvo de parte de los Artistas Unidos en La Paz. Humberto es orureño, pero se siente un paceño más.