No me voy a referir al “cambio climático global” que tanto preocupa al mundo, sino a otro más real que se da en Bolivia: el “cambio del clima político” tras el 4 de mayo, siendo que no ha sido poco lo acontecido en Santa Cruz, la región económicamente más importante y con la segunda mayor población del país.
Pese a las despiadadas provocaciones y acciones para impedir el referéndum, se impuso nomás la acendrada convicción autonomista cruceña; el incontenible deseo por engrandecer e integrar a Bolivia a partir de las regiones; y la natural reacción contra un centralismo fastidioso. La sociedad civil fue la gran protagonista; y el Gobierno, el principal jefe de campaña por las autonomías departamentales gracias a sus brillantes asesores (el diablo no sabe para quién trabaja).
Bolivia no será la misma luego del 4 de mayo del 2008. La historia se partió en dos, y en dos bandos: por una parte, los que miran optimistas el porvenir, dispuestos a progresar por su propio esfuerzo; los que creen que para ello la educación es importante; aquellos que dejaron atrás el insufrible “lamento boliviano” y apuestan por una mayor justicia social, por la igualdad ante la ley y una distribución más justa de la riqueza. Los demás, están del otro lado.
No va a ser fácil lograrlo, pero la más larga carrera inicia con el primer paso y el que se ha dado el 4 de mayo quizás sea el más grande (85,6% de apoyo) dando inicio a un virtuoso contagio al resto del país. Que “sólo es cuestión de tiempo”, es algo que debería ser entendido por los que detentan el poder y tienen en poco la libertad en todas sus formas, un alto valor que sirvió para unir aún más a los antiguos como a los nuevos cruceños.
¡Qué bueno sería que luego de esta zurra democrática se entendieran también los históricos defectos del colectivismo y el socialismo conculcadores de la iniciativa individual y del derecho, proclives a concentrar los beneficios del manejo del Estado en manos de unos pocos funcionarios para que se den banquetes; viajen por el mundo; vistan a todo lujo; compren artículos reservados a los “elegidos” y se embriaguen en fastuosas reuniones!
¡Bueno sería que se comprenda que esos regímenes acaban sometiendo a los ciudadanos por medio de la amenaza y la tortura, para apropiarse de su energía psicofísica y hasta de su derecho a decidir y a pensar! ¡Qué bueno sería, finalmente, que se entienda que las economías centralmente planificadas acarrean pobreza para muchos y privilegios para pocos! Cuba parece estarse dando cuenta de ello. Santa Cruz lo supo siempre, y por eso apuesta por una democracia más participativa. Lástima que algunos aún no lo entiendan y —añorando un pasado ya superado por la historia— instiguen a los ignorantes a gritar a voz en cuello “guerra civil, guerra civil”, ofreciendo más dolor y luto a los bolivianos.
*Gary A. Rodríguez A. es economista y gerente General del IBCE.
¿Conflicto social insalvable?
Un conflicto social se define como una relación social entre dos o más partes en donde cada una de ellas cree tener metas incompatibles y ejerce coerción colectiva para lograr dichas metas. Generalmente
La mesa del diálogo
La falta absoluta de confianza entre oficialismo y oposición, la paridad de fuerzas y un anticipado escenario preelectoral por la ley de convocatoria a un referéndum revocatorio costoso e innecesario