Lo que le faltaba a nuestro pobre país es que los narcotraficantes estén haciendo su agosto a tiro limpio en Cobija —ciudad estratégica por su ubicación— donde, según un informe de La Razón, sólo en la capital pandina 30 han sido las personas que han caído baleadas, fuera de un indeterminado número de víctimas que se han encontrado tiradas en las sendas y los ríos. Las señales de las mafias narcotraficantes están a la vista: los abatidos quedan agujereados como coladores.
Pero, además, el negocio de la droga no va solo. Eso es sabido. El narcotráfico es tan brutal que, como se denuncia en Pando, los mafiosos seducen adolescentes con caros regalos, primero; las abusan sexualmente, después, y las inician con la droga, las mantienen secuestradas y prostituidas, filman las aberraciones que hacen con las muchachas y venden las grabaciones.
Brasileños, peruanos y bolivianos son los componentes de las bandas de “narcos” que, utilizando preferentemente motocicletas, ametrallan a bocajarro a quienes son de las bandas rivales y hay que ajustarles cuentas. Esto de Cobija, ciudad pacífica y bella, nos trae a la cabeza los siniestros recuerdos de lo que fue la guerra de los narcotraficantes entre los cárteles de Cali y Medellín. Y los ataques indiscriminados con bombas en Bogotá, que ordenaba Pablo Escobar. Eso, en Colombia, casi ha desaparecido, mientras que en Bolivia parece que empieza. ¿Por qué andamos tan mal en todo? ¿Por qué lo malo es lo que se aferra en nuestro país?
En vez de tener a personalidades como Álvaro Uribe, que lo necesitaríamos aquí, nos aparecen la antítesis: los Pablos Escobar, con otros nombres, en Pando. Ignoramos qué sucederá en otras ciudades de Bolivia. En El Alto, por ejemplo. Si bien se afirma que la cocaína procede del Perú y pasa por Pando rumbo al Brasil, no somos tan ingenuos para no saber que en Bolivia hoy se produce más cocaína que jamás antes. Durante estos últimos años, según todos los datos de que se dispone, se ha producido la mayor cantidad de cocaína. Cocaína boliviana. “Made in Bolivia” Por supuesto que también el Gobierno ha levantado las manos o ha mirado para otro lado para que las plantaciones de coca se multipliquen. Y nuestros gobernantes insisten en que la coca se legalice en Naciones Unidas. Dizque para hacer matecitos. O para la industria farmacéutica. ¡Huevo! Todos los excedentes del “acullico” se van a la cocaína. Y lo saben de memoria en la ONU y en cualquier parte.
Debe haber muchos nuevos millonarios en Bolivia. Los favorecidos con los “catos”. Porque la plata corre a raudales, como nunca se había visto antes. Nuevamente, luego de tantos esfuerzos que resultaron vanos, la coca vuelve a reinar. Los cocaleros gobiernan y la cocaína reaparece, pero con un agravante, y es que mueve tanto dinero sucio que trae muerte.
*Manfredo Kempff S. es escritor y diplomático.
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