Benedicto XVI ofició ayer en la basílica romana de San Juan de Letrán la misa de Corpus Christi, en la que dijo que la “revolución cristiana” es “la más profunda” de la historia humana y que el progreso sin discernimiento “lleva al hombre al precipicio”.
El Papa explicó ante miles de fieles el significado de la fecha, manifestando en su homilía que la Eucaristía es el sacramento del Dios que no abandona al hombre en el camino, sino que se pone a su lado y le indica la dirección. “No basta ir hacia adelante, es necesario ver hacia dónde se va. No basta el progreso si no existen puntos de referencia. Si se corre fuera de la carretera, se puede caer en un precipicio o alejarse más rápidamente de la meta. Dios nos ha creado libres, pero no nos ha dejado solos”.
El Papa agregó que Dios acompaña siempre al hombre “para que nuestra libertad tenga criterio para discernir el camino justo y recorrerlo”. Además, recordó las palabras del apóstol Pablo: “no hay judíos ni griegos, ni esclavos ni libres, ni hombres ni mujeres, ya que todos sois uno en Cristo”, tras lo que agregó que en esas palabras “se siente la verdad y la fuerza de la revolución cristiana, la revolución más profunda de la historia humana”.
Benedicto XVI subrayó que la Eucaristía “jamás puede ser una cosa privada”, porque es “un culto público, que no tiene nada de esotérico, de exclusivo”.
Respecto al significado de la procesión, el Papa dijo que significa hacer el camino con Cristo, con la fuerza que da, y sobre la adoración, afirmó que quien se arrodilla ante Jesús “no puede y no debe postrarse ante ningún poder terrenal, por muy fuerte que sea”. Roma, EFE