Hoy comienza la cuenta regresiva para celebrar el bicentenario del supuesto primer grito libertario de América, que tuvo lugar en Sucre. Digo ´supuesto´ porque en primer lugar hay indicios de que antes de 1809 ya se dieran algunos movimientos emancipatorios, los cuales fueron inclusive tomados más en serio que los acontecimientos de La Plata; de hecho, en Cuzco, en el año 1805 hasta se ajustició a los sediciosos, mientras que a don Jaime Zudáñez en realidad no le pasó gran cosa. Pero el ´supuesto´ tiene que ver también con las verdaderas intenciones de lo que pasó esa noche del 25 de mayo de 1809, y si los gritos de Viva Fernando VII pueden reflejar honestamente un proyecto libertario. (¿Querían los chuquisaqueños que el muy ´deseado´ monarca español se viniera a vivir a América?).
El tema, que aunque histórico se entrelaza con la actualidad, tiene, sin embargo, otras caras. En primer lugar, lo que toca preguntarse es: ¿qué gran mérito es ese de haber sido la cuna del primer grito libertario, vale decir, del proceso de independencia que terminó haciendo papilla una unidad política y geográfica que abarcaba desde California hasta el estrecho de Magallanes?
Desde el punto de vista de los masistas, este proceso debería ser totalmente desprestigiado, principalmente porque en realidad se trató de una exaltación de las autonomías regionales, al extremo de que se crearon varias docenas de países en lo que antes fuera una unidad. Dicho sea de paso, la Bolivia de principios del siglo XIX tenía menos posibilidades reales de sobrevivir independientemente que las que tiene hoy el departamento de Santa Cruz.
Pero no se crea que la oposición a Evo podría sentirse muy identificada históricamente con los acontecimientos de 1809, y de ese período de gran inestabilidad, estancamiento e inseguridad que luego se llamó Guerra de la Independencia, que además concluyó con la peor de las injerencias foráneas que sufrieron estas tierras después de las conquistas de los siglos XV y XVI, y que fue protagonizada ¡oh qué coincidencia! por un venezolano mesiánico. Lo que se vivió fue esa desagregación, esa degradación de las instituciones y la destrucción de un Estado, ¿le suena familiar?
El período 1809-1825 no tuvo nada de glorioso, ante todo para los luego llamados bolivianos, entre otras cosas porque esa independencia fue impuesta por un ejército y un generalísimo que los despreciaba olímpicamente. Pero lo peor vino después: este país se recuperó de la debacle que significó la ´libertad´ sólo después de la Guerra del Pacífico.
¿Celebrar el bicentenario de ese proceso? No, gracias, tal vez lo que corresponde es estudiarlo a fondo; digo, para tratar de evitar tropezar con la misma piedra. Aunque para eso ya estamos tarde.
*Agustín Echalar A. es periodista independiente.
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