Ciertamente, en este domingo que presagia inviernos con cielos cada vez más azules, usted estará pensando en su menú de mediodía. Algunos estarán preparándose para una parrillada chaupinchada con unas tayas, otros estarán pensando hacer un ají de fideos corbatita salpicado con perejil virgen. Los gustositos se cocinarán un queso umacha a los cuatro laticinios o un majadito con huevos de codorniz.
Cualquiera que sea la delicatesse que usted decida cascarle, lamento informarle que los precios de varios ingredientes de los platitos criollos recién descritos, están por los cielos. El aumento de los precios de los alimentos es un fenómeno internacional complejo, pero que ya ha llegado a la mesa de todas las personas. En el 2007, la inflación que sólo mide alimentos estuvo en torno al 20%. En el año que transcurre seguirá la misma tendencia: hasta los trancapechos y anticuchos estarán más caros.
Pero, ¿cuáles son las razones para que el arroz, la harina y el pan de cada día aumenten de precios, sin que nadie diga esta boca es mía? Sin que el orden signifique importancia, mencionemos algunas de las causas. 1) En general, los precios de los recursos naturales están aumentando debido al crecimiento sostenido de las economías de la China y la India. Quiere decir que el salto en los precios de los alimentos se explica porque chinos e hindúes están comiendo más arroz, pollo, carne, y además compran más maíz y soya para alimentar a sus animales. Se estima que en los últimos 15 años cerca de 300 millones de orientales han salido de la pobreza. Esto equivale a multiplicar por treinta una mejor nutrición de la población boliviana. A este se le conoce como el efecto Fumanchú y Kamasutra.
2) Otra razón de que los precios de los alimentos estén por los cielos es que el aumento mundial de la energía ha hecho más costosa la producción de arroz, trigo o maíz. Cabe recordar que estos cultivos requieren de mucha energía para la cosecha mecanizada, el uso de fertilizantes y el transporte.
3) Como en la actualidad hay una enorme demanda por las energías tradicionales (petróleo y gas natural, sobre todo) y muchos países desarrollados están impulsando la producción de biocombustibles para disminuir su dependencia del oro negro, las políticas de subsidios han creado fuertes incentivos para que los agricultores pasen del cultivo de alimentos a la producción de los combustibles, sea el etanol que se produce por la fermentación del maíz o caña de azúcar, o biodiesel que resulta de la conversión de aceites vegetales, como de la soya, a aceites combustibles. Cabe recordar que en Brasil, más del 25 por ciento de los autos ya andan impulsados por un tirillo infame que, cuando bebido, produce un chaqui mortal y un aliento de diablo sin muelas.
4) Otra razón por la que parece que a los precios de los alimentos les salieron alas es el cambio climático. Por el efecto invernadero, el mundo tiene cada vez más desastres naturales, sequías o inundaciones; por ejemplo, es el caso de la producción total de trigo que cayó de 622 millones de toneladas métricas en el 2006 a 593 millones en el 2007. Los desajustes climáticos han hecho que baje la oferta de alimentos.
Varios de estos cambios son hechos de la realidad para la economía boliviana, es decir, no tocamos pito en estas tendencias y muy poco podemos hacer para combatirlas, salvo un discurso inflamado, como los que les gusta hacer a nuestros gobernantes revolucionarios. En la práctica, frente a esta realidad del aumento de precios, una opción es ponerse a llorar, protestar contra los maldades del capitalismo, clamar por la ayuda internacional y/o esperar que el Gobierno coloque subsidios ciegos para nuestra marraqueta, que cada vez está más tili.
Otro camino es que, frente a la crisis alimentaria que se avecina, Bolivia inicie una revolución verde, que implicaría duplicar la producción de alimentos en los próximos cinco años y, en un plazo un poco más largo, convertirse en productor de cereales alternativos para el mundo, como la quinua, la cañahua y otros cereales de alto potencial nutritivo. Para esto, se requiere un cambio de disco duro; obviamente esto no se logra convirtiendo a las Fuerzas Armadas en panaderos o agricultores, sino que se requiere de una estrategia productiva más inteligente, que en principio debe basarse en una sociedad entre el sector público nacional y regional y el sector productor privado, grande y pequeño.
El aumento de los precios de los alimentos puede ser una gran oportunidad para que la producción nacional alcance una escala competitiva basada en el mercado externo, para así abastecer el mercado doméstico. Para que esto ocurra, la Empresa Boliviana de Alimentos debe buscar complementariedad con la iniciativa privada y no competirle deslealmente, bajo el ala del papá Estado.
*Gonzalo Chávez es economista.
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