¿Qué es lo que realmente queremos los bolivianos de aquí en más, o mejor, ¿qué es lo que pretenden —quienes tienen el poder y lo manejan— hacernos creer que queremos para el futuro?
La cuestión no es menor, pues definirá nuestro camino colectivo. La teoría de “patear la pelota hacia adelante” y esperar, lleva ya demasiados años para ser una solución. El empecinamiento en no ceder, en imponer al otro “mi visión de lo que quiero y lo que el país necesita”, es ya una trampa en la que estamos atrapados por ocho años, cuyos peligros no necesitamos mencionar porque los vivimos. El abismo está ahí, el fuego está ahí y la presunción de que todos queremos lanzarnos al abismo o quemarnos como bonzos, es simplemente inaceptable. Pero esas reglas son las que rigen las tácticas y las estrategias de los poderosos.
No será a punta de referendos y elecciones que saldremos del atolladero, no será apostando al todo o nada que definiremos a qué lado se inclinará la balanza. La balanza no se inclina en función de juegos de dados, porque nuestra opción como comunidad no se resuelve en un juego de dados, es la suma de diez millones de vidas que dependen de la sensatez de quienes toman decisiones a su nombre.
La última movida del ex presidente Quiroga para reposicionarse en el escenario político (la luz verde al revocatorio) puede ser interesante desde el punto de vista de su propia expectativa, pero no toma en consideración el costo potencial de su acción en términos del conjunto de los bolivianos. La consecuencia no es grave porque ganen o pierdan el Presidente y los prefectos, sino porque no encara el meollo de nuestra crisis de Estado.
Hemos entrado en un círculo vicioso en el que la premisa básica es matar o morir, ganar a cualquier precio y si no se puede ganar, por lo menos dejar al otro tan malherido que no tenga opciones en el largo plazo. Hacer política destruyendo al adversario puede ser una respuesta mecánica entendible en tiempo de aguas tranquilas, pero no justificable cuando está todo en juego. La idea de los combatientes es: “yo porto la bandera del cambio y yo tengo la verdad”. La verdad absoluta, el cambio absoluto representado por una de las partes del todo, es simplemente un artificio semántico, es una definición conceptual que podría ser interesante en el ámbito académico, pero que es fatal cuando se aplica a la realidad. La falta de voluntad de diálogo, la idea de creer que este es el día y la hora de la decisión final, no resiste el menor análisis. Ninguna de las partes, ni el Gobierno ni la oposición-regiones tienen posibilidades de torcer el rumbo de la historia a su medida. El único rumbo posible es el de integración de posiciones que rescate aquello que tiene de correcto y necesario para todos que cada contendiente representa y contiene, un rumbo inevitable hacia el acuerdo en el que ninguno tendrá el triunfo total, porque ambos tienen un pedazo del rompecabezas y el rompecabezas no podría terminarse si uno de los dos no cede las fichas que tiene para poder armarlo completamente.
Empeñarse en el pensamiento grandilocuente de: “yo poseo el futuro” es una tontería y una irresponsabilidad.
Por diversas razones el presidente Morales perdió la oportunidad de representar y ejecutar el cambio integral que el país necesita, sencillamente perdió la oportunidad por sus propios errores y por la absurda lectura de hegemonía que el 54% de los votos le hizo creer que se traducía, como por arte de magia, en la realidad del cambio. Ese 54% no representó lo que él esperaba, porque él mismo no sabía qué es lo que esperaba. El voluntarismo de lograr un país socialista, comunitario, intercultural, estatista e igualitario, no produjo los resultados “buscados”, entre otras cosas porque varias de esas premisas estuvieron siempre vacías de contenido y varias otras estaban mezcladas en la más absoluta confusión conceptual. ¿Por qué razón alguien puede creer que es posible el cambio inasible en las ideas y en los hechos, cuando una buena parte de los interesados, no sólo no comparten algunas de sus premisas básicas, sino que proponen el cambio en una dirección distinta?
Lo curioso en este caso, es, sin embargo, que la diferencia entre unos y otros es mucho menor de lo que parece, lo que en realidad ocurre es que debajo del discurso inclusivo o autonomista, se manejan intereses de clase, de propiedad, de dominio y esencialmente de poder. Esta es una batalla por el poder y como suele pasar, el poder acaba desdibujando las razones por las que se lo reivindica.
Los sectores sensatos del Gobierno y de las regiones, no sólo creen en la posibilidad de un acuerdo, sino que comparten los principios filosóficos que cada parte reivindica y saben que inclusión, igualdad, presencia estatal razonable en el control de la economía y autonomías dinámicas y con competencias bien definidas en el ámbito departamental, municipal e indígena, harán un mejor país, pero ninguno de esos sectores sensatos se atreve a frenar a los maquinistas de los trenes desbocados. La radicalidad en la palabra acaba atrapándote en la radicalidad de los hechos. Las amenazas con gestos y gritos para mostrar fuerza (vieja práctica del hombre desde la prehistoria) acaban convirtiéndose en un compromiso ante aquellos frente a los que esos gritos se pronunciaron y ya no se pueden echar atrás. Es, como puede verse, un juego absurdo, es un juego de apuestas irresponsables.
No pretendan que los ciudadanos resuelvan en un estéril referéndum revocatorio, lo que están obligados a resolver a través de acuerdos. Diálogo es concertar; ni imponer ni consensuar. La imposición no es posible porque ninguno tiene la fuerza suficiente, el consenso no es posible porque como humanos disentimos y no podemos pretender acuerdos unánimes. Concertar es saber dónde estamos, qué podemos hacer y qué necesitamos todos. Un Referéndum o veinte no resolverán el problema. Sólo la conciencia responsable del acuerdo indispensable lo logrará. Pero hasta hoy, el fuego y el abismo siguen siendo la primera y delirante tentación de los poderosos.
*Carlos D. Mesa Gisbert es ex presidente de Bolivia, periodista, historiador y político.
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