Sucre es una de las ciudades de más larga historia de América del Sur que, así no hubiera sido nunca la Capital de la República, hoy debiera serlo para salvar la unidad de Bolivia.
Estamos en la víspera de acontecimientos que pueden cambiar la faz de Bolivia, y tomar conciencia de nuestro pasado es, para los chuquisaqueños, tomar conciencia de nuestra común dignidad de ser hijos de Charcas y de Sucre, la ciudad que, fiel a su designio, ha comenzado a escribir de nuevo la gloriosa historia revolucionaria de Chuquisaca en noviembre del 2007, que mostraron a Bolivia y al mundo la dimensión y la fibra histórica de nuestro pueblo.
El 25 de Mayo es un motivo de reflexión sobre el destino de Sucre y su proyección nacional. En primer lugar, Chuquisaca debe hacer conciencia de que, con el descubrimiento de los yacimientos gasíferos de Huacaya y El Rodeo, se ha convertido en un departamento potencialmente rico que ahora tiene la responsabilidad de administrar bien su riqueza y luchar por su autonomía para encontrar y decidir por sí misma su propio camino de desarrollo.
Segundo, nunca como ahora Chuquisaca, después de noviembre, merece tanto la confianza y el respeto de la nación. Tercero, en el contexto de esta realidad, la cuestión de la capitalía deja de ser una reivindicación histórica local para convertirse en una necesidad nacional que debe resolverse por decisión de todos los bolivianos.
Es por esto que Sucre, ´así nunca hubiera sido la Capital de la República, hoy debiera serlo´, porque la nueva realidad geopolítica del país así lo exige para evitar los peligros de disolución que amenazan la existencia de la nación.
Dejamos de ser la capital hace más de cien años, pero jamás perdimos esa condición y, para los chuquisaqueños, la capitalía es un derecho irrenunciable y permanente. Pero hoy, las razones para que la capital retorne a Sucre se inscriben en el interés general de la nación. El enfrentamiento que existe entre La Paz y Santa Cruz exige encontrar un punto de equilibrio político que evite la confrontación del país.
Por su situación geopolítica, Sucre es el punto natural de equilibro y estabilización entre oriente y occidente y la capital debe trasladarse a ella, como centro de unión nacional. De otra parte, resulta indispensable que el eje político se desplace a Sucre por la necesidad geopolítica de sentar presencia y soberanía en el sudeste del país, donde se hallan los yacimientos que despiertan la avidez de los vecinos. Nunca debemos olvidar que perdimos el Litoral por el salitre, el Acre por la goma y el Chaco por el petróleo, y los ciclos de la historia pueden repetirse.
Otra razón que justifica el traslado de la capital al sur es la necesidad de crear un polo económico que genere el desarrollo de esta zona que, siendo la más rica, es la más deprimida del país, con la misma lógica que Brasil llevó su capital de Río a Brasilia y Argentina se propuso desplazar la capital de Buenos Aires a la Patagonia.
En la gran línea de la autonomía y de la democracia, Sucre ahora cuenta con el apoyo de la mayoría del país y ninguna razón es válida para oponerse a un referéndum definitorio de la capitalía, apelación nacional que la Constituyente quiso evitar eliminando de su agenda este tema.
El traslado de la capital a Sucre será, previsiblemente, un proceso que, como todo proceso, tendrá etapas. Lo fundamental es definir una voluntad política de cambio e iniciar el desplazamiento antes de que las fuerzas de disolución nacional precipiten el enfrentamiento.
*Julio Garret A. es ex vicepresidente de la República.
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