Ya no quisiéramos escribir más sobre lo que acontece en la política nacional, pero, aunque nos amarguemos, no queda otro remedio. Lamentablemente estamos gobernados por quienes jamás debieron hacerlo y ahora nos toca pagar las consecuencias. Claro que, también la factura la están pagando ellos. Pero si para la mitad del país lo que sucede causa dolor e indignación, la otra mitad —los masistas— ni se enteran y continúan, irresponsablemente, con provocaciones y con explicaciones infantiles y hasta cínicas.
´¿Cuál es el colmo de un Presidente?´, podría ser una pregunta entre los jóvenes colegiales. ´Que no pueda viajar a la capital de su país´, la respuesta. Y no es sólo que S.E. no ha podido asistir a las festividades del 25 de Mayo en Sucre, sino que nuevamente han existido enfrentamientos donde los chuquisaqueños han mostrado su ira por las matanzas de La Calancha, al extremo de, tal vez, propasarse con algunos campesinos oficialistas a quienes los vejaron. Imagino qué reacciones hubieran sucedido en el resto de la república si en Santa Cruz a los campesinos se los hubiera puesto en cuatro patas para que besen el suelo camba. Ya se estarían movilizando miles de indígenas para sentarles la mano a los racistas oligarcas. Y el Gobierno hubiera corrido, con Choquehuanca a tropezones por delante, hasta la OEA.
Esto que le sucede a S.E. no es una broma. Esto es algo que el Presidente debería tomar muy en cuenta y con mayor seriedad. Que el Jefazo no pueda viajar a Sucre es una parte del drama. La otra es que no viene a Santa Cruz porque le lloverían silbidos, si no alguna pedrada a su vehículo. Es por eso que S.E. llega hasta el Plan 3.000 o la Villa 1º. de Mayo, entrega algunos cheques venezolanos a los masistas y raja de vuelta a La Paz. Esa no es una visita, sino una presencia sorpresiva, secreta, que se conoce cuando S.E. ya está embarcando en Viru-Viru o en el Trompillo.
Y le sucede lo mismo en Beni, Pando y Tarija. Y no creemos que le vaya mucho mejor en la ciudad de Cochabamba, aunque en el Chapare se sienta a sus anchas. Digamos la verdad: el Presidente sólo puede campearse sin temor en la plaza Murillo, El Alto y en Villa Tunari, Ivirgazama y Chimoré. ¡Ah! ¡Y en Oruro! Fuera de esos lugares dudamos que sea bien recibido y menos agasajado como se debe a un Primer Mandatario. Es desde aquellos lugares desde donde lanza sus discursos y sus diatribas. Desde esos lugares Evo Morales ve a Bolivia. Y cree que Bolivia acaba ahí.
Porque muchos disparates y barrabasadas han tenido que hacer los actuales gobernantes como para que el gran ganador de las elecciones del año 2005 no tenga pisada en más de la mitad del territorio nacional. Algunas razones muy poderosas ha tenido que dar S.E. para que lo repudien donde ganó ampliamente. La gente no se indigna por nada, porque sí.
*Manfredo Kempff es escritor y diplomático.
Unasur
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