El mundo post Segunda Guerra le debe mucho al movimiento popular que se alzó en Francia en mayo del 68. En realidad, no llegó a ser una revolución, sino un levantamiento anarquista y utópico. Comenzó cuando un grupo de estudiantes decidió tumbar al Gobierno conservador y paternalista del legendario Charles de Gaulle. Pocas veces se leyeron graffitis tan creativos como: ´La imaginación al poder´, ´Seamos realistas, pidamos lo imposible´ o ´Prohibido prohibir´. Estos se inspiraron en el marxista H. Marcuse, en la revolución cubana, el ´Che´, y representaban un descontento con la guerra de Argelia y la de Vietnam.
Liderados por el carismático Daniel Cohn-Bendit o ´Dany el Rojo´, se quejaban del elitismo en las universidades, la pobreza del currículo, del escaso presupuesto y pedían politizar la enseñanza así como una reforma educativa. Los estudiantes de La Sorbona se enfrentaban a diario con la Policía. Muchos fueron detenidos y hubo heridos en ambos lados. A ellos se sumó el movimiento obrero. La crisis llegó a tal extremo que 10 millones de franceses de todo el país entraron en huelga y Francia quedó paralizada sin electricidad, gasolina, transporte, productos de primera necesidad y lo que es peor: una gran incertidumbre y falta de liderazgo por parte del Gobierno. Costaba creer que De Gaulle (el héroe de la resistencia francesa durante la Segunda Guerra) no podía manejar las manifestaciones. Finalmente, disolvió la Asamblea
Nacional, llamó a elecciones parlamentarias —que curiosamente ganó—, se elevó el salario a los trabajadores (35%), se mejoró el nivel académico y se democratizaron las universidades.
Si bien mayo del 68 trajo cambios, no prosperó porque era un movimiento anarquista —que no suele durar— sin una base estructural como un partido político o un grupo sindical y sin un programa. Ellos proclamaban una ´anarquía espontánea´. Tampoco el PC de Francia ni de otros países los apoyó. Cohn-Bendit, ahora eurodiputado ecologista alemán, escribió Olvídense del 68 ya que, según él, hay temas nuevos como el calentamiento global o el sida.
Han pasado 40 años desde mayo, que sin duda trajo transformaciones. Fue un detonante para el cambio ya que abrió la mente al mundo para dar un paso a la modernización. Se creó una nueva izquierda con una variedad de matices, entre ellas el eurocomunismo, poniendo de lado el verticalismo autoritario del comunismo pro-soviético. Sembró un germen en otros países, como más protestas en EEUU contra la guerra de Vietnam, la Primavera de Praga, el Otoño de Italia, y Tlatelolco en México. El sindicalismo tomó una fuerza sin precedentes, ya que había una relación vertical entre patrón-obrero. Desde el 68, los trabajadores empezaron a plantear sus reivindicaciones en asambleas. Los estudiantes adquirieron un estatus de movimiento social con tanto poder como el de cualquier partido político. También se formaron y consolidaron movimientos como los indigenistas, feministas, homosexuales, antirracistas y el verde ecológico. Valió la pena.
*Verónica Ormachea G. es periodista y escritora.
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