Joven´, me dijo el chofer y yo feliz por el apelativo, pero no por el tono, porque era tono de reproche, como diciendo ´qué le pasa a este tipo´. Es que al treparme al micro, le había entregado Bs 1 (cada vez más fuerte —sic— como reza la propaganda oficialista) y el costo del pasaje había sido de uno y medio, o sea, faltaban Bs 0,50. Así que para disimular mi ignorancia le chanté un ´¿acaso mi moneda no es de dos lucas?´, y el chofer callado nomás, peor que si dijera algo.
Resulta que en la mañana mi hija me había respondido la inocente pregunta que le hice sobre el costo del pasaje en micro a partir de su experiencia de colegiala con tarifa especial: ´un peso, pues´. Y yo andaba interrogando sobre esos detalles porque hace tres años que no me trepaba a una de esas naves urbanas por culpa de una hernia de disco que me transformó en miembro de ese reducido grupo de ciudadanos que pierde la posibilidad de tomarle el pulso a nuestra sociedad. Porque, ¡anoten sociólogos!, un micro es también un micro/cosmos de la realidad social, aunque paradójicamente nuestra realidad es más caos que cosmos. Y los micros también.
Con la cabeza gacha, porque haciendo honor a su nombre este vehículo está fabricado para petisos o personajes de Werner Herzog, es decir, con estatura menor a 175 centímetros, me distraigo en un letrero tipo estiquer: ´No pida velocidad, exija seguridad´, pero no alcanzo a distinguir el nombre del patrocinador porque el micro dobla raudamente la esquina como perseguido por una patrulla policial o en afán de aprobar texto constitucional en una sola sesión.
Dirijo la mirada al otro lado del bus y me sorprende una advertencia: ´no fume, cuide la salud de los demás´, pero apenas la distingo debido al humo que entra por la ventana del chofer, donde habita un tubo lleno de hollín enroscado como víbora. En la radio —debe ser radio Centro, inevitable compañía en horario matinal— se escuchan comentarios sobre los hechos de Sucre y las humillaciones a los campesinos. Una mujer con jopo sentada a un costado farfulla: ´De qué se quejan, para qué son oficialistas´. Detrás suyo, un muchacho comenta con su amiga, hecho al que no escuchó nada: ´no pues, a este paso nos vamos a matar entre todos, seguro que detrás de esto están los cambas oligarcas´. La respuesta es una mirada desafiante de un atlético mozalbete que se dirige al estribo. ´Lo que es a mí no me interesa la política, el problema es la subida de precios, ¿acaso nos vamos a alimentar de referendos?´, comenta un rostro hosco sin mirar a nadie en particular, aunque lo dice como preguntándome. Yo empiezo a silbar la cueca del Aurora en remplazo de una canción de Joaquín Sabina, y en mis adentros digo que faltaría que el chofer ponga un disco de Julio Iglesias.
´La culpa es del Evo que ha provocado que los indios se alcen, no sólo los precios´, insiste la del jopo, ya en franco afán provocador, pero nadie le sigue el juego. En una pared que se pierde en la distancia se lee una inscripción que convoca a la toma de fábricas y, al lado, un graffiti proclama que el Wilster no está solo, y firman los gurkas, esos hinchas del equipo adversario que portan banderas que dicen: ´ni camba, ni colla, cochala karajo´. Intento una reflexión sobre ese tema, pero me sorprende un señor que, dándose la vuelta, me interpela: ´y usted que es analista, qué opina de la situación política´. Y este servidor solamente atina a decir: ´esquina maestro´, porque se terminó el viaje.
*Fernando Mayorga es sociólogo.
La violencia sexual como arma de guerra
Ayer se celebró el 60º aniversario del establecimiento de las Fuerzas de Paz de Naciones Unidas, un buen momento para asegurarnos de que éstas hacen lo suficiente para proteger a las mujeres en las zonas de conflictos armados.
Mayoría manda…
Los vejámenes en Sucre contra campesinos prueban el nivel de estupidez que puede alcanzar el hombre cuando actúa en pandilla, porque los grupos por lo general no piensan.
Ley de Murphy y libreto centralista
Añadiría metafísica a las lamentaciones de hoy, si hubiera una versión en zampoña andina de una canción de Chico Buarque, una que hiciera popular la versión fílmica de la novela de Jorge Amado Doña Flor y sus dos maridos
Prefecto por consenso en Chuquisaca
Como antiguo senador por Chuquisaca (1966-69) y respondiendo a mis vitales vínculos familiares con Sucre, he seguido con inquietud creciente los acontecimientos políticos que se han ido sucediendo en ella