Los vejámenes en Sucre contra campesinos prueban el nivel de estupidez que puede alcanzar el hombre cuando actúa en pandilla, porque los grupos por lo general no piensan. Actúan en respuesta a instintos y adrenalina. Más allá de la condena legal y moral que sin duda merecen esos actos, hay que analizar el discurso que los motivó, porque las masas responden no sólo al hígado. Responden al mensaje acumulado que en nuestro país, lamentablemente, se está cargando de una dosis cada vez mayor de intolerancia y prepotencia que se impone fácilmente a la razón.
Eso se entiende de manera más clara de cuanto nos muestra el sentido común si se revisa el discurso que inspiró los grandes movimientos de reivindicación o cambio social en la historia.
Mahatma Gandhi, por ejemplo, principal artífice de la independencia de la India, recurrió a la inteligencia y el sacrificio personal para lograrla: boicot a los productos importados de Gran Bretaña y ayuno voluntario. Gandhi, filósofo y político, fue enemigo de la división de castas en ese inmenso país en el que hay una diversidad de naciones mucho más grande que Bolivia.
Un poco más cerca, el pastor protestante norteamericano Martin Luther King, luchó por el derecho de ciudadanía plena de los negros pregonando un discurso pacifista y de integración, convencido de que negros y blancos tendrán que marchar mancornados porque ahí nacieron y ahí morirán.
Los ejemplos de Gandhi y King fueron rescatados como botón de muestra de casos de similitud importante con los tiempos de cambio que vivimos, cuando el discurso de racismo y segregación parece ganarle al de integración y complementación de opuestos, aunque éste está en la raíz cultural de buena parte del país.
Para entender nuestros males, reconozcamos que parte de ellos se debe a la falta de líderes con capacidad intelectual y moral que sirvan de guía e inspiren a la gente. Cuesta suponer, por ejemplo, que alguien de sano juicio pueda planificar acciones como las de Sucre. Por cuestión de moral y ética. Y desde un punto de vista más cínico, por sus previsibles efectos políticos. Y, sin embargo, mucha gente participó en ellos. Lo cual confirma que muchos inteligentes juntos forman un burro grande. Y prueba también que eso de mayoría manda cuando se va al voto para dirimir situaciones en las que la razón no encuentra salida es absurdo total, porque no resuelve nada.
Gandhi y King murieron asesinados por fanáticos violentos.
*Juan León es periodista.
Micro/cosmos
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La violencia sexual como arma de guerra
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Ley de Murphy y libreto centralista
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Prefecto por consenso en Chuquisaca
Como antiguo senador por Chuquisaca (1966-69) y respondiendo a mis vitales vínculos familiares con Sucre, he seguido con inquietud creciente los acontecimientos políticos que se han ido sucediendo en ella