Como antiguo senador por Chuquisaca (1966-69) y respondiendo a mis vitales vínculos familiares con Sucre, he seguido con inquietud creciente los acontecimientos políticos que se han ido sucediendo en ella, configurando un cuadro de grave conflictividad que pone de manifiesto, al mismo tiempo, la dignidad y altivez de sus habitantes y la torpe hostilidad de que han sido objeto por obra de una desatinada acción gubernamental que no ha sabido tomar en cuenta las circunstancias particulares de esa ciudad en su situación presente y en su desenvolvimiento histórico, social y cultural.
En Sucre, capital de la República, se conjugan múltiples factores, de invalorable significación en la conformación de la nacionalidad, que han merecido siempre el respeto, la consideración y el aprecio de los órganos de autoridad, de los centros de actividad intelectual y de la ciudadanía en general, menos por la administración actual, que la ha tratado con prepotencia e ignorancia. Ahí se encuentran la Corte Suprema de Justicia, la sede arzobispal más antigua de Bolivia, la Universidad de San Francisco Xavier, una de las más antiguas y preclaras del continente, y allí se produjo el primer alzamiento por la libertad en el ámbito hispanoamericano, como fruto de las enseñanzas impartidas en sus claustros. Durante más de dos siglos y medio ejerció allí su alta y amplísima jurisdicción la Real Audiencia de Charcas, estimada por los historiadores de mayor jerarquía como la cuna de la nacionalidad boliviana. Junto a todos estos y otros atributos, Sucre, la antigua Charcas o La Plata, se alza como una de las ciudades más notables de Hispanoamérica, por su riqueza arquitectónica, por la belleza de sus templos, por los tesoros de sus museos.
Particularmente, las ciudades hermanas en la proclamación de la Independencia, Sucre y La Paz, se aprestan a celebrar, el próximo año, esta efemérides —200 años de mayo y julio de 1809— que, lejos de ser un factor de emulación y controversia, tiene que ser un motivo grandioso de unión y mutuo recono- cimiento, si es que por fin prevalece entre nosotros la altura de miras sobre la mezquindad, el juicio sereno sobre la carencia de visión.
En las actuales circunstancias se impone con urgencia la búsqueda de la paz y la concordia en el caso concreto de violencia y confrontación que afecta a Sucre y su departamento frente al poder central. La crisis actual —con gravísimos rasgos de ruptura y agresividad— se manifiesta sobre todo en el campo institucional. En medio de la efervescencia volcánica que sufre la población de la capital, se hace cada vez más grave la acefalía en los cargos de mayor autoridad, sobre todo en la Prefectura. Está fijada una fecha para la elección democrática del Prefecto: el 26 de junio. Mi modesto parecer a este respecto es que esa función debe ser desempeñada por una personalidad chuquisaqueña alejada de todo compromiso político, respetada por todos los círculos, con reconocida experiencia profesional y vinculación probada a los intereses de Chuquisaca. No son pocas las personas que reúnen esas condiciones. Pienso que una se destaca nítidamente por su obra exitosa en el campo profesional y de la actividad económica de Chuquisaca. Me refiero a Gastón Solares Ávila, vinculado a la entidad cooperativa y de ahorro popular denominada ´Mutual La Plata´, así como también a la Fundación Cultural ´La Plata´, institución promotora de la cultura en el más alto nivel. Se le reconoce, asimismo, el mérito de haber creado una de las industrias mejor establecidas en la capital, la fábrica de chocolates ´Para ti´.
El presidente Evo Morales ha adoptado el buen acuerdo de dejar en manos de los electores la nominación del Prefecto, absteniéndose el Ejecutivo de hacer la designación por cuenta propia. Por eso mismo, parece que la mejor de las candidaturas sería la de una persona apolítica, reconocida por sus méritos e idoneidad ética y profesional. Expreso, en este sentido, mi personal adhesión al nombre que me he permitido proponer en estas líneas.
*Jorge Siles S. es abogado, historiador y diplomático.
Micro/cosmos
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