Bolivia necesita inversiones con urgencia. Probablemente los sectores de gas y petróleo, junto a la minería, representan la posibilidad de traducir rápidamente esas inversiones en actividad económica, crecimiento, empleo y principalmente restablecimiento de la confianza en el futuro del país.
Con el precio del petróleo bordeando los 130 dólares por barril, muchos proyectos que antes no eran económicamente factibles han adquirido viabilidad y el mundo busca más petróleo, pero las condiciones para atraer inversiones permanecen invariables: reglas estables que permitan el retorno de capital de los inversionistas.
Actualmente, los dos grandes productores latinoamericanos buscan incrementar su producción, pero lo hacen por caminos diametralmente opuestos. México busca una brecha legal que permita la inversión extranjera, mientras Venezuela trata de ahuyentarla aumentando la presencia del Estado en la economía.
Pemex, la estatal mexicana, es el ejemplo acabado de un modelo perdulario e ineficiente que está entrando en colapso. Casi la mitad de los excedentes generados por las exportaciones de petróleo garantizan el subsidio estatal a los combustibles y la otra mitad se esfumó con la disminución del volumen producido y con la sobrevaluación del peso mexicano.
Además, México, el quinto mayor productor de petróleo del mundo, importa cuatro de cada 10 litros de gasolina que consume. Importar a precio internacional y venderlo a precio subsidiado es también una política venezolana. Por lo que se paga por un tanque entero de gasolina en Venezuela sólo se puede comprar un litro en Brasil.
La estatal brasileña Petrobras se ha lanzado a ese mercado en el que tiene a su favor, tanto la capacidad para captar recursos como la tecnología para explotar petróleo en aguas profundas. El 2010 comenzará a producir 80.000 barriles diarios de petróleo en la parte estadounidense del Golfo de México. La estatal brasileña ya exporta a Estados Unidos el crudo producido en Río de Janeiro, lo que representó el año pasado un ingreso de 3.100 millones de dólares.
En esa coyuntura, el Presidente boliviano advirtió a las empresas extranjeras: si no invierten en Bolivia se van del país. Para los bolivianos, que están acostumbrados al estilo de su Presidente, no hay nada de nuevo, pero fuera del país la advertencia suena a amenaza. Las amenazas son la peor estrategia para estimular inversiones.
*Walter Sotomayor es periodista y trabaja en Brasilia. www.columnistas.net
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