Dudo que en algún país latinoamericano se pueda dar, por su inteligencia, profundidad y sofisticación, el nivel de debate que se dio entre tres intelectuales y políticos bolivianos. Hablo del Seminario convocado por el ex presidente Carlos Mesa, el lunes pasado en La Paz, sobre El Cambio del Péndulo Político en América Latina. De las tres exposiciones, queda de manifiesto también la encrucijada en la que se encuentra Bolivia, con sus fuertes tensiones y contradicciones.
Participaron Félix Patzi, hasta hace poco ministro de Educación del presidente Evo Morales; Carlos Hugo Molina, de Santa Cruz, experto en administración territorial y desarrollo regional, y Guisela Derpic, ex prefecta de Potosí.
En síntesis, Patzi expuso sobre la revolución democrática e indigenista encabezada por Evo Morales. Lo que existiría en Bolivia es una verdadera ´crisis de paradigma´ que estaría dada por la crisis de la forma histórica de estructuración de la sociedad y el Estado (´colonialidad´) en torno al predominio de los blancos y la exclusión de las mayorías indígenas. Así, ya sea en tiempos de la Colonia o bajo la República, en dictadura o en democracia, la distribución de oportunidades habría estado dada, hasta el día de hoy, por una distribución de oportunidades definida por pertenencias raciales, en perjuicio de las grandes mayorías indígenas (incluso de manera más significativa que el conflicto entre las clases sociales).
Junto a una concepción ´colonial, capitalista y neoliberal´, marcada por el predominio de un único liderazgo blanco, habría existido una concepción de la ´sociedad comunitaria´, de raíz indígena, reflejada en la revolución democrática encabezada por el actual Presidente. Esta revolución correspondería a una re-definición del concepto de estado-nación, muy esquivo en la historia de Bolivia, aspecto central de la revolución de 1952 (que habría resuelto de manera parcial e insatisfactoria la contradicción indígena-no indígena). Así, la demanda central de la actual revolución democrática e indigenista correspondería, ni más ni menos, que a lo medular de la revolución liberal desde el siglo XVII en adelante: avanzar hacia una efectiva igualdad de oportunidades, que considere las aspiraciones de las mayorías indígenas de Bolivia.
´Estamos en un momento histórico de definir una nueva hegemonía´, concluye Patzi, en que la democracia comunitaria (originaria), basada en el poder de deliberación colectiva, sin intermediación de partidos, se disputaría la hegemonía en relación con la democracia meramente representativa, basada en la competencia entre los partidos.
´¿Cuál de estas dos concepciones ganará´?, se pregunta el sociólogo. Es la pregunta que Molina y Derpic consideran preocupante y temeraria, pues supone que una de las dos concepciones ´ganará´, imponiéndose sobre la otra. Éste sería el drama y el origen de una polarización que tiene completamente dividida a Bolivia, con una gran incertidumbre sobre el futuro. O el dilema se resuelve por la vía de las armas, advierte Molina, o por la vía de los acuerdos, incluyendo la realidad de la mayoría indígena, pero también de la diversidad productiva y regional de Bolivia. Estaríamos viviendo un ´proceso de construcción colectiva para el que no había libreto, ni estábamos preparados´, y ahora ´se encendió la luz y debemos tenernos paciencia´, advierte; en lo positivo, remata, ´este país no va a aguantar nunca más la exclusión o la discriminación del otro´, recordando que Bolivia no es un crisol (monocolor), sino un mosaico (plural y diverso). Finalmente, Derpic señala que la exposición de Patzi es ´como mirarse al espejo solito´, cuando lo que se requiere es tratar de ser mejor ´con los otros´, en que la ´comunidad de destino´ y no sólo la ´comunidad de origen´ sea la perspectiva (si tan sólo fuera la comunidad de origen, entonces, ´donde comienzo, acabo´ —esta sería la debilidad de la perspectiva indigenista). Lo que se requiere son nuevas respuestas para viejos problemas, y no al revés, en una perspectiva de construcción y consensos. De la forma de resolución de estos dilemas dependerá el futuro de Bolivia.
*Ignacio Walker es ex canciller de Chile.
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