Un grupo de profesionales del Centro de Instrucción de Buceo en la Altura (CIBA) mostró el 3 de mayo que se puede penetrar la sexta laguna más alta del mundo, a -19º C.
Jorge Quispe • Fotos: CIBA
El líquido elemento apenas logra resbalar unos centímetros en el traje de neupreno del capitán de corveta Marco Durán Calvetty y luego se congela en fracción de segundos. Las manos del militar están hinchadas al igual que su rostro. Diez minutos antes, Marco buceó en la laguna del volcán Licancabur, a 5.920 metros de altitud sobre el nivel del mar, en la provincia Sud Lípez del departamento de Potosí.
El espejo de agua es el sexto más alto del mundo, el tercero en Sudamérica y el de mayor altitud en Bolivia. Marco y 15 expertos del Centro de Instrucción de Buceo en la Altura (CIBA) demostraron que se puede nadar a esa superficie y que no existen dificultades para practicar deportes en la altura. ´Fue el veto al estadio Hernando Siles por parte de la FIFA (Federación Internacional de Fútbol Asociado) lo que motivó esta expedición. Por eso nosotros nadamos a más de cinco mil metros´.
Un viaje de 1.117 kilómetros
Hace seis años, Marco había cumplido 30 y se propuso hacer algo extraordinario sobre la laguna, que está a unos mil metros de la turística Laguna Verde. El militar pasa más tiempo sobre el agua que sobre la tierra y habla con orgullo de sus colegas acantonados en la unidad de San Pedro de Tiquina, La Paz, a orillas del Titicaca.
La Fuerza Naval Boliviana tiene jurisdicción sobre todo espejo de agua en el territorio nacional y Marco soñó nadar en la mayor altitud posible. La idea encontró apoyo desde el primer momento y el segundo comandante y Jefe de Operaciones del CIBA empezó a preparar la expedición. A fines de marzo Marco subió hasta la laguna y junto a cuatro instructores se sumergieron en estas aguas durante tres minutos. ´Fue ahí cuando dijimos que sí se puede´.
El lunes 28 de abril, el capitán y 15 instructores, dos médicos, un conductor y un cocinero partieron desde San Pedro de Tiquina para recorrer 1.117 kilómetros durante 48 horas. Al grupo se sumaron cuatro guardaparques de la Reserva Nacional de Fauna Andina Eduardo Abaroa. El objetivo, imponer un récord nacional: nadar más allá de los cinco mil metros sobre el nivel del mar.
Ascender el volcán Licancabur es más fácil por el lado boliviano que por Chile, pero pese a ello el grupo tuvo que caminar ocho horas llevando a cuestas todo el pesado equipo de buceo. Una vez allí, la expedición se encontró con que las condiciones eran más duras que la primera vez que subieron.
El agua se congela en segundos
Cuando el primer equipo hizo el recorrido a fines de marzo, el termómetro marcó 10 grados centígrados bajo cero en el volcán. El sábado 3 de mayo, el frío llegó a los 15 grados bajo cero. La noche anterior descendió hasta los 25 grados bajo cero y en el agua la temperatura era de 19 grados bajo cero. Mientras, el viento alcanzaba una velocidad de 35 nudos.
Eran situaciones extremas, ´pero no podíamos dar vuelta atrás y fue la convicción la que nos motivó a seguir´, recuerda Marco.
Al empezar la mañana, los oficiales e instructores revisaron con cuidado su equipo de buceo. Todos mostraron con el índice y el dedo pulgar cerrados en un círculo la señal de que ´todo está bien´.
Cada uno de los 16 expertos dio su visto bueno, pero en el lapso de unos 10 segundos el frío congeló el equipo. Había escarcha en casi todo el uniforme de neupreno, un material especial para nadar. De nada había servido haberse puesto encima dos trajes: uno de seis milímetros y otro de cuatro.
Mientras eso sucedía, otro grupo aún machucaba con una piedra el hielo del lago de una hectárea y media. El espesor llegaba a los 40 centímetros. Al final se hizo un hueco de dos metros de diámetro en el centro de la laguna y, uno a uno, los marineros ingresaron a bucear. Unos estuvieron bajo el agua dos minutos y otros hasta 10, pero todos sin excepción salieron con la satisfacción de haber cumplido con el país. ´Nada se puede comparar con lo que sentí ese instante. Creo que es como tener un hijo´, sostiene Marco.
La fría agua se congelaba a cada centímetro que descendía por el traje de neupreno, pero nada de eso importaba. ´Si seguía unos tres minutos más abajo, tal vez me hubiese dado hipotermia, pero demostramos que se puede nadar´.
Los rayos del sol no ingresan
El alférez Jaime Aguirre Orellano (24) nunca vio nada igual en la laguna del volcán. ´Es como un paisaje lunar con cráteres de por medio, no entran los rayos solares, ese día había un poco de luz, pero era por el orificio que hicimos´.
El fondo de este espejo de agua es volcánico y sólo hay vida microscópica. El agua tiene un color verdoso y el olor es fétido.
´El frío es intenso e ingresa con tanta fuerza que te hace doler todo el cuerpo, más que todo el rostro, las muñecas y debajo de los tobillos, porque el traje no llega a proteger la integridad del cuerpo´.
El también alférez José Martín Bravo, que nadó en el volcán, considera que el hombre es capaz de lograr hazañas. ´Es difícil, pero si te preparas y tienes la convicción, no hay obstáculos al frente tuyo´.
El sábado 3 de mayo del 2008 será recordado siempre por Marco y su equipo, porque durante al menos unos 45 minutos, uno a uno, los instructores se sumergieron cinco metros bajo la laguna más alta de Bolivia, la tercera en Sudamérica y la sexta de mayor altitud en el mundo. Ahora el reto es ingresar en el libro de los Records Guinnes en octubre.
BRÚJULA
Ubicación. La laguna del volcán Licancabur está a unos mil metros de la Laguna Verde, en la frontera natural entre Bolivia y Chile. La montaña está en la provincia Sud Lípez, en Potosí.
Costos. Hay agencias de turismo que por $us 120 hacen un recorrido por la Reserva Nacional de Fauna Andina Eduardo Abaroa. Hay que trasladarse a Oruro, luego al salar de Uyuni para ascender al Licancabur.