Bolivia parece el reino bipolar. La situación que estamos viviendo me incita a imaginar un país que vaya a formar parte de las crónicas que imaginó Jonathan Swift, el creador de los viajes de Gulliver. Enciendo la pipa, me acomodo sobre un mullido sillón y describo para los asombrados niños del futuro la Bolivia 2008:
“Una tormenta en el mar me hizo perder, una vez más, el rumbo y llevó mi barco, ya bastante maltrecho y dando bandazos hasta las costas de una región desértica, de donde me recogieron varios días después, unos buenos cristianos, casi muerto de sed y cagado por unos pájaros que, según me dijeron mis salvadores, habían sido los causantes de una guerra que dejó al país vecino enclaustrado entre altas montañas y caudalosos ríos selváticos. Es el país de los bolivianos, los seres bipolares.
Las gentes de ese país, me contaron, tenían dos ojos, como todos los seres humanos, pero, a diferencia del común de los mortales, esos dos ojos funcionaban con total autonomía uno del otro. Con lo cual, cada persona podía ver, al mismo tiempo, dos realidades distintas e incluso contrapuestas.
Después de haber visitado el país de los simios parlantes, los enanos y los gigantes, me pareció que debía añadir la experiencia del Reino Bipolar, así es que, apenas pude tenerme en pie, inicié una penosa travesía que me llevó desde las costas donde la cagaturria de los pájaros valía oro hacia las montañas. Atravesé volcanes semidormidos eructando magma, un mar interminable de sal y varias lagunas heladas de asombrosos y cambiantes colores que no reflejaban las imágenes del mundo superior, sino las de su interior, cual espejos mágicos.
Una parte del país ocupa el terreno montañoso, muy poca gente vive en las tierras bajas, húmedas y calientes. Cada parte tiene sus propias costumbres y cree que las de la otra parte no sirven, por eso tratan de imponerse. Todos quieren vivir bien, que haya buena comida, educación, salud, trabajo y riqueza que alcance para todos. Pero los líderes de una parte quieren conseguir eso encerrando al país entre sus montañas y construyendo un modelo de sociedad que aprendieron en los libros de la antigüedad. Los de la otra parte quieren hacerlo dinamitando esos muros naturales para que entre todo el mundo a hacer negocios y sin que nadie establezca reglas ni límites, según una receta que una especie de gobierno mundial en forma de banco ya había probado hacía tres décadas, sin conseguir resultados.
En el Reino Bipolar tienen dos constituciones, una legal y otra en proyecto, pero no acatan ninguna; un gobierno que defiende la democracia con palos, niega los referendos departamentales autonómicos, porque no son legales, pero quiere imponer una Constitución que tampoco lo es; un presidente que cree que el país gana más recursos cerrando negocios; gente que humilla a otra de su mismo color y condición, otra que guarda enormes extensiones de tierras ociosas para conseguir que los bancos le den crédito; un Parlamento que no funciona y un vicepresidente que con la mitad de su cara dice una cosa, mientras la otra hace lo contrario. Esto es lo que vi, aunque ustedes no lo crean”.
Como cronista del Reino Bipolar y en homenaje a los 50 años de la Revolución de Mayo del 68, cuando la juventud decidió “ser realista y pedir lo imposible”, les hago una propuesta indecente: intentemos salir de las crónicas de los viajes de Gulliver y esa será otra historia…
*Carmen Beatriz Ruiz es comunicadora social.
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