El comercio exterior alimentario de Argentina, primer exportador mundial de harinas y aceites de soya, comenzó a ser dañado por primera vez en casi 90 días, desde que estalló una rebelión fiscal de agricultores, informó ayer una fuente empresarial a la AFP.
“Están afectadas las operaciones de maíz, soya y otros granos en las terminales portuarias”, declaró una fuente de la Bolsa de Comercio de Rosario, el mayor polo agroindustrial.
Las organizaciones del mayor movimiento agrario argentino extendieron el último lunes por otra semana su protesta, que consiste en paralizar la comercialización de los granos destinados a la exportación.
“Hay cuatro plantas paralizadas por falta de materia prima, como maíz y soja. No están operando Vicentín ni Molinos, y Cargill paró una de las dos plantas y Bunge se quedó sin maíz”, agregó la fuente, al referirse a la situación de cuatro de los gigantes de la exportación de alimentos.
El conflicto con millares de agricultores se desató cuando el Gobierno aumentó los impuestos a las exportaciones de soja, cuya cosecha fue valuada en unos 24.000 millones de dólares, de los cuales se intenta recaudar 11.000 millones. Buenos Aires, AFP