Al Gobierno no le gusta aceptar las derrotas políticas. El 1 de junio fue otro duro golpe, a pesar de la campaña desplegada en contra de los referendos autonómicos. Los portavoces del oficialismo nuevamente distraen a la población con análisis electorales basados en fórmulas ajustadas a su conveniencia, con el único fin de empañar los resultados y los votos emitidos en Beni y Pando.
Ante el respaldo mayoritario y contundente de la población de tres departamentos en los referendos, no se puede creer que el Ejecutivo insista en descalificarlos, tildándolos de ilegales y separatistas, en vez de admitir esa voluntad de las regiones que quieren autonomías y que buscan cómo encausar al país hacia un nuevo pacto social.
El Gobierno debe acercarse más a las regiones en vez de apartarse de ellas. El propio presidente Evo Morales reconoció este distanciamiento al decir: ´Siento que me quieren más en el exterior que en Bolivia´; el desencanto de la gente se debe a la falta de voluntad del Ejecutivo a la hora de buscar soluciones a la crisis política y económica del país.
En varias ocasiones, el Jefe de Estado ha señalado que su paciencia ´se le agota´, ignorando que también la población tiene paciencia y que la misma se está acabando por su tenaz resistencia al cambio en varias de sus políticas.
Por ejemplo, la gente está hastiada de no ver soluciones a los problemas políticos; cansada por la elevación de los precios de los alimentos básicos hasta en un 50 por ciento; tiene que hacer largas filas por una garrafa de gas licuado; el salario se achica lo mismo que el pan, pero éste cuesta más; ya dejó de comer carne vacuna, y el pollo sólo lo compra una vez a la semana.
Ante este panorama desolador, la población pide al Gobierno soluciones. Morales debe primero definir una posición oficial sobre su proyecto de Constitución, tema central que ha generado la crisis gubernamental en varias áreas. Urge que el Primer Mandatario ponga freno a los radicales del MAS que obstaculizan todo, ya que algunas autoridades hablan de ´abrirla´ y otros señalan que ´no se mueve una coma´, mientras sus ministros todos los días deslegitiman las votaciones de las autonomías o se estrellan contra las regiones y sectores productivos.
El momento actual exige sinceridad y desprendimiento de ambas partes para reconocer que el proyecto de Constitución y los estatutos tienen observaciones de fondo y es necesario consensuarlos para su modificación.
Una opción para evitar el desastre y no seguir caminando al borde del abismo, como es la costumbre boliviana, sería que el Congreso reabra la Asamblea Constituyente para que ésta introduzca los cambios al texto de la nueva Carta Magna, mientras los estatutos sean ajustados a la Constitución, conforme a sus propios mecanismos de reforma o por medio del Tribunal Constitucional.
*José Luis Orihuela A. es abogado.
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