Sospecho que tanto el adenista Jhon Cava como los ex miristas Aydeé Nava y Fidel Herrera no disfrutan de la literatura y del cine demasiado intelectual. Lo cual, por supuesto es una opción tan valedera como cualquier otra. Mas, imagino que por lo menos Walt Disney han visto. Uno de los clásicos de la industria del célebre dibujante norteamericano es la película musical Fantasía, donde el pequeño Mickey Mouse tiene la misión de limpiar el laboratorio de un mago. Pero el ratoncito es inexperto y ambicioso, por ello se mete a aprendiz de brujo y convoca a fuerzas que él no puede manejar. El resultado es un desastre mayúsculo.
Buen ejemplo. El Comité Interinstitucional trabajó para que el presidente Morales no llegara hasta la capital. El resultado fue una vergüenza para todos los bolivianos.
Pero eso ya lo sabemos, el análisis viene en torno a ¿cuánto afectará esto a las elecciones del 29 de junio para prefecto? Los viejos políticos habían hecho una fuerte apuesta con Sabina Cuéllar: por un lado, dejaban sus peleas (era muy difícil que los otros dejaran sus ambiciones para aceptar a uno de sus pares como prefecto); pero, por otro, le peleaban votos al MAS en el seno del sector rural, donde el partido de gobierno tiene su fuerte.
Como los matones no son demócratas lo echaron todo a perder: es ahora muy difícil que un hombre o una mujer de campo vote por la candidata del Comité Cívico.
Cualquiera que haya visto las declaraciones de los comiteístas o de los de la FUL, el lunes después de los despropósitos, vería que dan más miedo que otra cosa. Por eso vinieron las disculpas.
Y luego un insulso paro para retomar la iniciativa y lograr volver a reunir a las fuerzas dispersas, pues una buena parte de los sucrenses se sintieron horrorizados por lo que pasó la tarde del 24 de mayo. El paro sólo fue un día perdido más, que no afectó en nada a la producción del resto del país. Fue uno más de los muchos “saludos a la bandera”, aunque en este caso ésta sea una blanca con la cruz roja monárquica en ella.
El Gobierno ha logrado detener la sed de venganza con el argumento de que habrá investigación. Lo que resulta difícil es creer que ésta llegará a fondo. Ya los comiteístas comenzaron la chicana acusando a Sacha Llorenti y de aquí para adelante los abogados harán lo que más saben hacer: embrollarlo todo.
Lo que sí queda claro es que tenemos una Chuquisaca dividida. Y que nadie le pone el cascabel al gato. En Sucre, como en varias ciudades del oriente boliviano, está fermentando el huevo de la serpiente, esa hermosa imagen de Bergman desarrollada en el film del mismo nombre de cómo el fascismo va naciendo y desarrollándose ante los ojos de todos como dentro del huevo del reptil.
Para ellos no hay democracia que valga (por eso mismo son racistas) y al final podrían terminar tragándose incluso a los propios aprendices de brujo.
Si de verdad los comiteístas se consideran demócratas, deberían denunciar con nombre y apellido a los violentos. Sucre es una ciudad donde todos se conocen y se sabe quiénes son los que hicieron los desmanes. Como eso no pasará, los matones seguirán creyéndose impunes hasta que les siente la mano. Y ese sí será el desmadre mayor.
*Jaime Iturri S. es periodista.
Exenificación del próximo C.D.L.D.
C.D.L.D: Crimen de lesa democracia. La escena de un individuo secuestrado por agentes gubernamentales, trasladado aparatosamente a cientos de kilómetros y presentado como sedicioso sin previa imputación formal
¡Hasta cuándo pues!
Estamos llegando a situaciones inconcebibles y extremadamente intolerantes. Desde la “ejemplar” actitud de los hermanos de la Unión Juvenil Cruceñista el 4 de mayo en Santa Cruz
Aclaración
En la edición de ayer, miércoles 4 de junio, el artículo del columnista Alberto Zuazo Nathes, titulado “Nacionalización” contraproducente, fue publicado con un error que no es atribuible a su autor.
Nuevas ¿o viejas? nomenklaturas
Al escribirla con "K", me puso alerta subrayada de rojo el protocolo casi universal de Bill Gates, que le ha hecho un Midas moderno. Me refiero a "nomenklatura"
Para evitar el desquiciamiento
Tres artículos publicados los últimos días en La Razón obligan a algunas precisiones indispensables, si se quiere evitar el reciente torbellino de desquiciamiento que amenaza con envolver también a la memoria histórica y la evidencia geográfica.