C.D.L.D: Crimen de lesa democracia. La escena de un individuo secuestrado por agentes gubernamentales, trasladado aparatosamente a cientos de kilómetros y presentado como sedicioso sin previa imputación formal, parece sacada de los tristes tiempos de andar con el testamento bajo el brazo. De chico me tocó ver cómo los “tiras” de la dictadura se llevaban a mi viejo —en pijama y sin darle chance siquiera de cambiarse— con destino desconocido; de ahí que soy hipersensible a esta clase de abusos de poder. Es una cuestión de principios; no me corresponde decir si ese pobre diablo es o no es un malandro. Esa es tarea de la justicia dentro de un debido proceso, y, como en el hecho mencionado no ha existido, ésta ha actuado en consecuencia declarando la libertad pura y simple del sujeto (no digo “imputado” porque nunca lo fue).
He querido comenzar mi entrega de hoy con el caso más reciente del amplio repertorio de violaciones constitucionales que el gobierno de Morales viene perpetrando desde que se hizo cargo de la conducción del Estado: el de un residente de Sucre al que, por órdenes directamente impartidas desde el Ministerio de Gobierno, le fueron atropellados sus derechos como ciudadano desde el momento de su secuestro a manos de “tiras” de la regresión política hasta el momento en el que era conducido ante el juez bajo el riesgo de ser retenido por los “movimientos sociales”, con las previsibles consecuencias que ello implica. La determinación de la autoridad judicial permite apreciar que todavía quedan resquicios de institucionalidad democrática en el país.
No es el caso de la Corte Nacional Electoral, que ha entrado en un proceso de franca erosión institucional que tiende a liquidar el gran legado que dejaron para ella gestiones previas: la credibilidad. Hoy la CNE es un bodrio que no genera confianza, atributo imprescindible para administrar procesos electorales, poniendo en duda si aún posee las cualidades que la hicieron merecedora de ella hasta hace unos meses: transparencia, imparcialidad, independencia y autonomía.
Tal como la veo —hablo a título estrictamente personal— no la encuentro apta para hacerse cargo de dicha tarea, a menos que encare una renovación total de sus vocales, volviendo al espíritu original de su naturaleza: el de seleccionar a ciudadanos notables, prendas de garantía para la democracia. Tengo nombres en la mente, pero les haría un flaco favor proponiéndolos en un clima en el que las susceptibilidades están a flor de piel.
Insistir en llenar acefalías manteniendo el bochornoso espectáculo que protagonizan los tres vocales residuales puede llevar a la exenificación del mayor crimen de lesa democracia, tiro de gracia incluido, contra el Estado de Derecho, dado que su primera y acaso última prueba será un referéndum diseñado por Escher, aquel que dibujaba bajadas que llevan a la azotea y subidas que llevan al sótano.
*Puka Reyesvilla es docente universitario.
Mickey Mouse reside en Sucre
Sospecho que tanto el adenista Jhon Cava como los ex miristas Aydeé Nava y Fidel Herrera no disfrutan de la literatura y del cine demasiado intelectual.
¡Hasta cuándo pues!
Estamos llegando a situaciones inconcebibles y extremadamente intolerantes. Desde la “ejemplar” actitud de los hermanos de la Unión Juvenil Cruceñista el 4 de mayo en Santa Cruz
Aclaración
En la edición de ayer, miércoles 4 de junio, el artículo del columnista Alberto Zuazo Nathes, titulado “Nacionalización” contraproducente, fue publicado con un error que no es atribuible a su autor.
Nuevas ¿o viejas? nomenklaturas
Al escribirla con "K", me puso alerta subrayada de rojo el protocolo casi universal de Bill Gates, que le ha hecho un Midas moderno. Me refiero a "nomenklatura"
Para evitar el desquiciamiento
Tres artículos publicados los últimos días en La Razón obligan a algunas precisiones indispensables, si se quiere evitar el reciente torbellino de desquiciamiento que amenaza con envolver también a la memoria histórica y la evidencia geográfica.