Miles de seres humanos han sido afectados por la furia de la naturaleza en Birmania, China y Chile. A esto se suma el daño a los ecosistemas que tardarán décadas en recuperarse.
Con datos de EFE, AFP y El Universal. Fotos: AFP
En menos de 30 días, la fuerza destructora de los fenómenos naturales causó luto y desesperación entre los millones de habitantes de China y Birmania, países asiáticos que fueron sacudidos por un terremoto y un ciclón respectivamente. Pero, de forma paralela al drama humano, la furia de la naturaleza está provocando un impacto devastador en la biodiversidad de estas regiones.
Grupos conservacionistas han alertado, por ejemplo, que el paso del ciclón Nargis por Birmania, considerado el país de mayor biodiversidad del sudeste asiático, pone en alto riesgo la sobrevivencia de la fauna y la flora que se alza al sur de este país.
La región del delta del río Irrawaddy, la más afectada por la tormenta, es el hábitat de decenas de especies en peligro de extinción, entre ellas el delfín de agua dulce, aunque la mayoría de estos animales viven al norte del delta.
Brian Smith, experto en Tailandia de la Sociedad para la Conservación de la Naturaleza (WCS), indicó que el azote del ciclón esquilmará las poblaciones de delfines del estuario frente al delta. Otras especies afectadas, según Smith, serán los cocodrilos y las tortugas del mismo brazo de mar.
Alan Rabinowitz, director de la organización Panthera, con sede en Nueva York, advirtió de que la demanda de materias primas para las labores de reconstrucción traerá consigo un aumento de la tala de árboles en la mitad norte de Birmania. Esto causará un desequilibrio en el ecosistema birmano y asestará un duro golpe al hábitat de los animales.
El delegado para Asia de la WCS, Colin Poole, teme que tras el ciclón tenga lugar en el sur de Birmania una tragedia ecológica similar a la ocurrida después del tsunami del 2004, que diezmó, entre otros, las comunidades de tigres y elefantes. ´A corto plazo, las personas necesitarán comida y tendrán que reconstruir sus casas, pero a medio o largo plazo, el ecosistema se verá todavía más afectado´, señaló Poole.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) calcula entre 60.000 y 100.000 la cifra de personas fallecidas por el ciclón Nargis, que golpeó Birmania a comienzos de mayo. Además, 220.000 se hallan desaparecidas y más de dos millones quedaron damnificadas.
Tiembla el hogar de los pandas
El 12 de mayo, la tierra en el suroeste chino se sacudió con un terremoto de 7,8 grados en la escala de Richter. El potente sismo afectó a una de las mayores reservas de osos panda gigantes del país, señalaron los medios, preocupados por la suerte de los animales.
La Administración de Bosques anunció que no tenía noticias de la reserva de Wolong, en Sichuán, uno de los dos grandes centros de protección de osos panda, un animal considerado como un tesoro nacional para los chinos, indicó la agencia estatal China Nueva.
Tras el sismo quedaron cortadas las comunicaciones con el Centro de Investigación y Protección de pandas gigantes de Wolong, que está a una hora de Chengdu, la capital de Sichuán.
China tiene 250 pandas gigantes en cautividad en Chengdu y Wolong. Se estiman unos 1.600 pandas en estado salvaje diseminados sobre 23.000 kilómetros cuadrados en las provincias de Sichuán, Gansu y Shaanxi. El 2000, esos animales eran 1.114.
El sismo también destruyó o dañó gravemente los 32 alojamientos para pandas de la reserva. Wolong es el único lugar del mundo donde pueden verse pandas en números tan grandes.
Según el último balance oficial, el movimiento causó al menos 8.533 muertos en la provincia de Sichuán, ubicada a 30 kilómetros del santuario de los pandas.
Cenizas en el paraíso
No es necesario apuntar la mirada tan lejos para entender el impacto devastador que pueden tener los desastres naturales en la biodiversidad del planeta. En la Patagonia chilena y argentina, las cenizas del furioso volcán Chaitén (al sur de Chile) amenazan el ecosistema de la región.
La erupción del volcán dañó una superficie de más de 200.000 hectáreas, en una zona altamente rica en vegetación y cursos de agua, donde cada año suelen llegar miles de turistas. También se ha afectado a varias localidades argentinas vecinas.
Entre las áreas chilenas afectadas está parte de los terrenos del Parque Pumalín, una extensa reserva natural de propiedad del conservacionista estadounidense Douglas Tompkins.
El principal daño ha sido provocado por los más de 30 centímetros de cenizas que se han acumulado en Chaitén y Futaleufú. ´El impacto sobre los suelos es bastante negro desde el punto de vista de la agricultura´, señaló Wilfredo Vera, agrónomo de la Universidad de Chile.
´Las plantas van a morir indefectiblemente. No hay vuelta atrás´, agregó el experto, quien explicó que una eventual recuperación de los terrenos tardará por lo menos una década.
´Hay que esperar un tiempo bastante grande, tal vez décadas para que las especies naturales vuelvan a colonizar el lugar´, vaticinó el investigador.
´La restauración de una zona con una capa consolidada de cenizas puede prolongarse por décadas´, coincidió por su parte el especialista de la Universidad de Chile, Juan Pablo Fuentes.
El desastre no sólo perjudicará a las plantas. Las cenizas contaminaron también los cursos de agua y la vegetación que servían de alimento para unas 40.000 cabezas de ganado.
En Futaleufú, el Ministerio de Agricultura trasladó entre 5.000 a 8.000 cabezas de ganado, repartiendo además forraje para la alimentación de aquel que no fue trasladado. No fue posible realizar esa evacuación masiva de animales en Chaitén, por su difícil acceso terrestre. Por ello, se espera una muerte masiva de animales en los próximos días. En Chaitén, varias vacas y caballos continuaban deambulando a su suerte en busca de alimentos.
La rica biodiversidad acuática de la zona sufrirá también un daño irremediable, tras detectarse un grado de acidez anormal en el agua. Las truchas arco iris de la Patagonia argentina, por ejemplo, sufren de úlceras debido a los tóxicos que llegaron a las aguas.