Por donde se las mire, las cosas andan de cabeza en este país. Todo se lo interpreta de una manera tan extraña, tan vaga, con tanto desconocimiento, que realmente espanta. Resulta que una de las encomiendas —la más importante— que la Cancillería le dio al embajador Guzmán, fue la de encargarse de la extradición de Gonzalo Sánchez de Lozada y de Carlos Sánchez Berzaín. El propio Guzmán, antes de su viaje a Washington, antes de brincar del periodismo a la diplomacia, se refirió a la importancia que tenía aquella gestión para que la justicia boliviana haga rendir cuentas de sus actos a dos de los personajes derrocados por una conspiración de turbamulta en octubre del 2003.
Sin embargo, el país se quedó sin habla, de piedra, cuando Sánchez Berzaín anunció panchamente, sin ningún alarde, que ya tenía asilo en Estados Unidos desde marzo del 2007. Es decir que la justicia norteamericana ya le había otorgado el asilo correspondiente hace 14 meses. Y en Bolivia estaba el masismo, la prensa, los políticos, como canes con rabia, esperando ver a Goni y al ´Zorro´ bajar de un Hércules gringo, engrillados de las patas, con overoles naranjas y con las manos atrás de la nuca.
Ahora nos preguntamos: ¿Y el embajador Guzmán no informó a la Cancillería que Sánchez Berzaín ya tenía asilo en EEUU? ¿Que con mayor razón lo iba a conseguir Sánchez de Lozada? ¿En qué planeta habitaba Guzmán? O de lo contrario: ¿El Gobierno ocultó a la opinión pública, ex profeso, que lo de la extradición era nada más que un cuento? Aunque, por todas las reacciones del oficialismo, acaban de ´desayunarse´ de que no habrá extradición, y, que, además, tanto Goni como Sánchez Berzaín cuentan con un abogado —un estudio de abogados— que asesora en la campaña de Obama. ¿Quiere más el Gobierno? ¿Quiere más S.E.?
´¡Pero si ni he sido notificado!´, dijo Sánchez Berzaín cuando se le preguntó sobre el proceso de extradición. Oiga, embajador Guzmán, fuera de los saraos que arma con los bolivianos en la puerta de la embajada contra el calentamiento de la tierra y el recalentamiento de la globalización, ¿qué más hace usted en Washington? ¿Es cierto que no sabía que los trofeos que tenía que capturar estaban ya a buen recaudo? Ahora, lógicamente, se van a querer meter con el embajador Goldberg, que no toca pito en este entierro. Lo van a llamar para que dé explicaciones, seguramente. Todo un show. Van a querer apedrear la embajada norteamericana, cuando este tema no corresponde al Departamento de Estado sino a los tribunales de justicia estadounidenses. Si la improvisación continúa desenfrenada en este gobierno, vamos a terminar, finalmente, muy mal parados diplomáticamente con todo el mundo. ´Elemental Watson´. A ver qué nos cuenta el embajador Guzmán, que ya debería estar prestando su informe en La Paz.
*Manfredo Kempff S. es escritor y diplomático.
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