En estos tres últimos años pude comprobar que algunos políticos sufren una serie de enfermedades que podrían ser diagnosticadas como crónicas. Es el caso de un grupo de personas que pasaron de la actividad sindical y teórica al peligroso terreno de la política, se organizaron y fundaron su movimiento.
Entraron a competir con pesos pesados que se mantenían en el poder por décadas, pero este grupo tenía armas poco convencionales para conquistar el Gobierno: paros, bloqueos, manifestaciones, agrupados en ´movimientos sociales´. También dominaban la guerra de guerrillas, porque tenían entre sus filas a ´iluminados´ con gran recorrido y experiencia en ese campo al haber ´aprendido a matar´.
Una vez llegados al Palacio implementaron un grupo de exterminio para hacer desaparecer a sus rivales, pero también al aparato administrativo, al económico y luego a la empobrecida clase media. Lograron sus objetivos, pero los efectos de sus afanes ´revolucionarios´ provocaron a este nuevo grupo de poder varias enfermedades: sordera de tercer grado, ceguera anosognosia y amnesia anterógrada.
La ´sordera de tercer grado´ es un trauma acústico por ruidos; cuando se expone a sonidos de más de 90 decibeles, produce una lesión de las células del órgano de Corti; los ruidos capaces de generar este tipo de sordera son los producidos por protestas, reclamos, paros, huelgas, pedidos de diálogo, de autonomías, de pan, de gas, etc.
La ´ceguera anosognosia´ es un cuadro caracterizado por una pérdida de la visión; se caracteriza por una vaga percepción luminosa de imágenes y que además el paciente niega su enfermedad, efectos producidos por multitudinarios cabildos en Santa Cruz, Beni, Pando, Tarija, Cochabamba, Sucre, o largas filas para el gas licuado, cercos a la Asamblea Constituyente, al Congreso, golpizas a parlamentarias.
Y la peor de todas es la ´amnesia anterógrada´, que es la pérdida parcial de la memoria; puede deberse a una lesión en la cabeza. Las causas principales son la histeria luego de un evento traumático, seguramente por el impacto emocional que les produjo ver a cientos de heridos y muertos en Huanuni, Cochabamba y Sucre. Los síntomas básicamente son no recordar acontecimientos que sucedieron hace instantes, días, meses o años atrás.
¿Cómo tratar estas lesiones que afectan al Gobierno? Encontré unos remedios caseros y que por tanto no cuestan nada: Evitar el prejuicio al pedido legítimo del pueblo de soluciones a la crisis económica; desconocerlos nos impide vivir en sociedad. Evitar decidir a partir de suposiciones, porque lo único que se logra es sesgar la verdad. Eliminar actos de agravio contra las regiones, porque nos aleja de ellas. Dejar de creerse dueños de la verdad absoluta, porque así matamos al diálogo. No hacer demagogia con el cambio y aceptar que éste también viene con las autonomías.
*José Luis Orihuela A. es abogado.
La presencia de lo irreemplazable
Más allá de los resultados, los seres humanos somos el producto moral de una cultura que predica como fundamento último la previsión
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