El Partido Demócrata norteamericano va en camino de convertirse en un hacedor de milagros políticos. Usted estará pensando que el milagro sería encumbrar a un negro (perdón, afroamericano es el término políticamente correcto) en la presidencia del país más poderoso del mundo. Nones. Yo más bien me estaba refiriendo al milagro de conseguir que otro republicano suceda a la administración más nefasta e impopular de la que se tiene memoria. Lo de nefasto es juicio mío, pero lo de impopular es opinión globalizada y compartida por el electorado gringo. No recuerdo con exactitud las cifras, pero las encuestas de popularidad le otorgan a nuestro querido George W. el increíble mérito de ser más detestado que el propio Richard Nixon en sus momentos de peor desgracia.
Ya tengo ganadas varias mitades de botellas de whisky que aposté con amigos, afirmando que Obama le ganaría a Hillary en las primarias y que John McCain le ganará a Obama en las elecciones de a de veras. Baso mi pronóstico en meras intuiciones, pues la política norteamericana siempre me ha parecido más aburrida que chupar un clavo. Me da la impresión, mirando el proceso desde lejos, que esta vez las primarias demócratas fueron una especie de primera vuelta. Así como en otros países la primera vuelta sirve para expresar posiciones ideológicas, en las primarias el electorado demócrata hizo sentir un fuerte voto protesta en contra del sistema político; el poder de los cabilderos en Washington y la desmedida influencia de las grandes corporaciones en la política, parece haberse convertido en una súbita revelación traducida en una demanda de cambio.
Si bien esta demanda ha quedado claramente establecida, sea cual fuere el resultado de las elecciones, creo que al momento de elegir presidente el voto será más bien práctico. Al margen de la idea vaga y ambigua del ´cambio´, los dos temas fuertes de la campaña son la guerra en Irak y la economía. Y me da la impresión de que, en ambos, el candidato republicano lleva las de ganar. Si bien los norteamericanos se han dado cuenta de que la guerra había sido una mamada inducida por poderosos intereses, que los ha conducido a un entuerto, el rato del rato pienso que se inclinarán por darle un mandato de retirada digna a quien tiene las credenciales de haber sido un héroe de guerra y no a quien simplemente dice haberse opuesto a la invasión. Necesitan a alguien que acabe con el conflicto y que, además, les haga pensar que ha sido una victoria.
En relación a la economía, puede ocurrir algo similar. Ya no se habla de una tímida desaceleración, sino de una inminente crisis con tufo a recesión. El ciudadano americano está sufriendo en el bolsillo propio la hecatombe de los mercados financieros hipotecarios y el alza del precio del petróleo. Saben ya que la cosa viene muy jodida y probablemente apostarán por el candidato más centrado y con mayor experiencia. La estigmatización de Obama como un novato en las primarias, seguramente, pesará en el voto. También es cierto que todavía faltan las nominaciones a vices, que podrían generar nuevos giros.
Pero más allá de los temas puntuales de la campaña, me parece que Estados Unidos no está preparado para elegir a un presidente negro, y peor aún a uno tachado de demasiado liberal (la verdad es que no tengo la menor idea de lo que esto significa para ellos). Las ganas de ´cambio´ están ahí, pero creo que no alcanzan para tanto. Se me viene a la cabeza una musiquita que decía: ´Manfred-Ivo, el Cambio Positivo´. ¿Se acuerdan en qué terminó aquello?
*Ilya Fortún es comunicador social.
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