La crisis mundial de alimentos está originada por la escasez de granos y la imparable subida de los precios del trigo, del maíz y del arroz, entre otros, como resultado de una baja en la producción por el cambio climático, niveles de existencia de los productos sumamente bajos, consumo más elevado de las economías como China e India, altísimo coste de la energía y el transporte y sobre todo la demanda cada vez más alta de producción de biocombustibles, según Naciones Unidas.
Según fuentes internacionales, el precio del arroz se incrementó en 75% entre febrero y abril del 2008, mientras que el del trigo tuvo un alza en 120%. Lo mismo ocurrió con la soya, el maíz, el aceite, la leche, la carne y otros; tendencia que no tendrá variación en los próximos años debido al sostenido incremento de la demanda, pues la población mundial no dejará de crecer y países como China e India continuarán incrementando su capacidad de consumo per cápita. Por otro lado, la demanda de biocombustibles se incrementará ante los altos costos del petróleo, lo que ocasionará además —como lo señalara Fidel Castro— el incremento de extensiones de tierra para la siembra y el cultivo de estos insumos en detrimento de áreas selváticas y boscosas que además son las productoras de agua (...).
A esto se suman las pérdidas por el fenómeno La Niña que, sólo en el caso boliviano y de acuerdo con el informe de la CEPAL, desde noviembre del 2007, hizo perder 517 millones de dólares, de los que 341 millones corresponden a las mermas de los cultivos agrícolas y 176 millones al daño que sufrieron las vías camineras. Esto sitúa a Bolivia entre los cinco países latinoamericanos que integran la lista de 37 naciones con mayor déficit en materia de alimentos, conjuntamente con Ecuador, Haití, Nicaragua y República Dominicana.
Como respuesta, el Gobierno ha indicado que ´el 46% de nuestra población radica en zonas rurales y cuenta con mecanismos de producción de alimentos´; a ello se suma el decreto para el desembolso de $us 80 millones adicionales para la Empresa de Apoyo a la Producción de Alimentos (Emapa), los decretos que limitan las exportaciones de los productores nacionales y la movilización de las Fuerzas Armadas para el control del contrabando, como medidas para garantizar el abastecimiento interno.
Estas acciones inconexas y la falta de coordinación con los productores agropecuarios del país desnudan la peligrosa situación en que vivimos los bolivianos, pues denotan la inexistencia de una política de Estado y una estrategia para afrontar lo que se viene. La ausencia de un plan nacional en este campo pone en peligro el acceso a los víveres, sobre todo, de los sectores más empobrecidos.
En esta crisis, que según el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, se prolongará hasta el 2015, Bolivia debe tener respuestas. Para ello Gobierno, productores y dirigentes políticos deben atender este tema crucial para el bienestar de nuestro pueblo y generar un plan de uso eficiente de los recursos financieros y naturales que permita crear mecanismos para reforzar la actividad productiva.
*José Luis Bedregal V. es especialista en Gestión Pública (Fragmento).
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