Pocas cosas unen tanto a un país como sus selecciones deportivas. Sobre todo las de fútbol, por la magnitud que alcanzaron los campeonatos mundiales y continentales. La gente se identifica con la camiseta de su selección tanto como con su bandera. Es que el mundo ha encontrado en el fútbol una forma civilizada de reivindicar orgullos nacionales y reducir confrontaciones a la competencia deportiva.
En estos tiempos de profunda división que vive Bolivia, el fútbol ha sido también magnífico motivo para que oficialistas y opositores, cambas y collas, citadinos y campesinos, creyentes y herejes defendamos juntos el derecho a practicarlo donde nacimos. Todos le pusimos el hombro a la lucha contra el tonto veto de la FIFA a la altura, sin distinción de ideologías, posiciones económicas o sociales ni intereses re-
gionales. Y celebramos juntos cuando logramos el objetivo, porque es cierto eso de que "el pueblo unido, jamás será vencido".
Lo mismo ocurre estos días, en vísperas de los partidos de la selección nacional frente a Chile y Paraguay. La ilusión de un triunfo de la verde, pese a sus tantas derrotas, hace olvidar por unas horas las dificultades diarias para seguir tirando adelante. Y sobre todo, olvidar que estamos inmersos en una vorágine política capaz de ahogar al país.
Si gana "nuestro" equipo, ganamos todos, aunque de fútbol no sepamos nada y a muchos les parezca idiotez que se juegue tanto del orgullo nacional en una cancha. Pero así nomás es. El ejemplo más contundente fue ese partido en el que Argentina se cobró revancha de la derrota en Malvinas y le ganó a Inglaterra gracias a la genialidad de Maradona, mano y todo, que mandó al olvido dolores y rencores de una guerra.
Pero eso es muy efímero. Los triunfos como las derrotas son pasajeros, por grandes e importantes que sean. Y estamos involucrados en sus resultados sólo en base a nuestras emociones y sensaciones. Somos hinchas porque respondemos al corazón y mandan los sentimientos. Por eso, nos conformamos cuando jugamos como nunca y perdemos como siempre.
El tema de fondo es el diario vivir, que necesita mucho más que de hígado y corazón. Requiere cerebro, sobre todo cuando se trata de nuestra vida en comunidad. Exige diálogo, concertación y acuerdo. Para hacerla cortita y al pie, como dicen los técnicos del fútbol, inteligencia y sentido común. "Pienso", como dicen nuestras gentes. Porque en el fútbol, como en la política, la inteligencia no está peleada con el sentimiento, aunque haya gente que cree que se practica sólo con los pies.
*Juan León C.
es periodista.
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