Los aspectos culturales, además de las crisis económica y familiar, influyen y propician el trabajo infantil en el país, según los datos proporcionados por la subcomisión para la erradicación del trabajo infantil en Bolivia.
Esta entidad, conformada entre otras instituciones, por los ministerios de Trabajo y Educación y la Organización Internacional del Trabajo (OIT), recordó ayer el Día Internacional Contra el Trabajo Infantil con un encuentro con los medios de prensa. Allí se anunció que este julio se iniciará un estudio nacional sobre los índices de trabajo infantil.
Eva Udaeta, comisionada a la subcomisión por el Ministerio de Trabajo, explicó que muchos padres fomentan el trabajo de sus hijos. “A nombre del aprendizaje, muchos padres de familia impulsan a sus hijos a desarrollar actividades laborales, las que, por tradición cultural, no son vistas como trabajo infantil”.
En esa línea, Analía Pineyrúa, directora del programa Trabajo Decente de la OIT, señaló que “de buena fe los padres tienen como argumento que sus hijos sólo se forman trabajando. En muchos casos lo hacen haciéndolos trabajar en labores domésticas”.
Según datos del censo del 2001, alrededor de 800.000 niños y adolescentes —de entre siete y 19 años— trabajan en el país.
En julio, con el apoyo de la OIT, el Instituto Nacional de Estadística hará una nueva encuesta nacional sobre el tema.