Hay un fuerte malestar político que se traduce en desórdenes callejeros en todo el mundo. Tiene como causa el alza generalizada de los precios atribuida, en gran parte, al aumento del precio del petróleo. El aumento del precio de los combustibles ha puesto en pie de guerra a los camioneros españoles, portugueses y franceses, pero también causó disturbios en la India, Indonesia o Malasia.
Ese malestar se extiende a varios sectores afectados ya sea por medidas gubernamentales o por su omisión. El malestar es causado por un grave desequilibrio en diversas actividades económicas, pero es más visible en los efectos producidos por el aumento de los precios de los alimentos. Con la integración de los mercados, esa inflación planetaria se extiende de forma tan rápida como la velocidad de las computadoras que transmiten las informaciones económicas.
Mucho se ha debatido sobre el efecto de los biocombustibles y su impacto en la inflación mundial, pero la utilización de aceite de maíz y soya en su producción parece un fenómeno limitado a Estados Unidos. El uso de alcohol de caña de azúcar en Brasil no representa ni un aumento de área plantada (menos del 2,5% de las áreas cultivadas del país) ni riesgo ambiental. Al contrario, representa una esperanza de incremento del ingreso de pequeños agricultores.
El hecho es que hay mayor demanda por alimentos en todo el mundo y se debe no sólo a que muchos pobres están teniendo acceso a una alimentación más diversificada y están consumiendo más. Esto es lo que ocurre en la China y la India, y también en el Brasil.
Para producir más alimentos es necesario producir más fertilizantes. Actualmente hay déficit en la producción de fosfatos, uno de los tres componentes básicos para la producción de fertilizantes. Los otros dos son el gas natural, fuente de nitrógeno, y el potasio. Un estudio del geólogo boliviano Salomón Rivas informa que Bolivia tiene grandes reservas de fosfatos en el Cerro Manomó, de Santa Cruz, y potasio en el salar de Uyuni, en Potosí, lo que le confieren condiciones para ser también un gran exportador de alimentos.
Nada más apropiado para el momento que vive Bolivia que la reflexión de Rivas, que se ha dedicado a la investigación de las riquezas minerales en el territorio boliviano: ´Es hora de volver a tener esperanza, sacrificio, seriedad y lealtad entre gobernantes y gobernados; estamos cansados de descansar. Debemos aumentar nuestro conocimiento; Dios ha engrandecido a Bolivia, no tratemos de hundirla. No seamos país que no cumple las buenas leyes, que no predomine el odio y el egoísmo´.
El diccionario también cambia
Una de las grandes transformaciones que nos ha traído el Gobierno nacional es la reforma del diccionario mediante el aporte de nuevas voces y la ampliación del significado de antiguas.
Desinstitucionalización y anomia
Hay cada vez más linchamientos en barrios populares y en poblados rurales. Muchas veces, la justificación es la aplicación de la justicia comunitaria que, según se conoce, no implica ese tipo de ajusticiamientos.
La insulsez como constante
El "nuevo modelo" de la economía de Bolivia enunciado por el Poder Ejecutivo es una insulsez más de gente que proclama haber leído miles de libros que seguramente han versado sobre todo menos economía y finanzas
¡Qué ministros, Presidente!
Ya sabemos que este gabinete debe ser el peor que ha pasado por el Palacio Quemado. Ni en los momentos más negros de dictaduras bárbaras ha existido un equipo tan malo, justamente cuando, además, el Presidente entiende muy poco de su oficio.