LUZ P. MEJÍA, relatora de la CIDH para Bolivia, sostiene que ni indígenas ni hacendados son conscientes de lo que es servidumbre.
Relatora de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para Bolivia, Paraguay, Ecuador y Argentina, Luz Patricia Mejía confiesa que los testimonios que recogió de los guaraníes durante su visita al Chaco boliviano le dejaron un sabor amargo. La venezolana considera que la situación de servidumbre en el país es delicada.
¿Se puede hablar de sistemas de esclavitud en Bolivia? El término adecuado es situación análoga de esclavitud. Hablar de esto ha generado problemas. Esto se debe a un desconocimiento de los guaraníes y de los patrones sobre lo que esto significa.
Pudimos identificar que las personas que aún están trabajando con el patrón tienen un profundo aprecio por él. Entienden que es el proveedor. Existen relaciones casi familiares entre los guaraníes y los hacendados.
Es por eso que ambos actores no identifican (el hecho de que haya) elementos que, en términos jurídicos internacionales de protección de los derechos humanos, se interpretan como formas análogas de esclavitud.
¿Cuáles son estos elementos? Tienen que ver con un sistema de producción que viene de décadas y que pasa de generación en generación, desde que la zona guaraní se llenó de haciendas.
El guaraní trabaja en tierras de otra persona para brindar su producto sin el pago de una contraprestación o el pago muy bajo, que no garantiza una vida digna. A eso se suma que van acumulando deudas. Trabajan durante todo el día y no tienen un territorio propio que les permita trabajar para ellos. Por eso, todo lo que necesitan para su sobrevivencia depende de lo que el patrón les dé. Éste les vende (productos) y se genera un círculo de deudas donde el trabajador labura para pagar la deuda que tiene con el patrón y que, en muchos casos, heredan los hijos.
¿Hay presencia estatal? No existe presencia del Estado. Para los guaraníes, el patrón suple al Estado: ayuda a que los niños vayan al médico, a que sus hijos aprendan a leer y escribir... Fuimos sorprendidos con que muchas comunidades ni siquiera están registradas porque no tienen acceso a las notarías. Esto tiene consecuencias jurídicas en el ejercicio de sus derechos.
Estamos recomendando al Estado que tenga presencia en la zona para garantizar la protección a las comunidades guaraníes y el ejercicio de sus derechos, como la educación y la salud.
¿Por qué los guaraníes no abandonan las haciendas? Porque para las comunidades indígenas el territorio forma parte de su cosmovisión y su forma de vida. Es la relación con la tierra donde nacieron sus ancestros.
¿Hay temor en los guaraníes? Hay amenazas contra la población guaraní. Están atemorizados y han denunciado amenazas contra su vida, su integridad física y sus bienes. Se ha planteado la necesidad de protección por parte del Estado boliviano y hemos evidenciado que hay una gran desconfianza respecto al sistema de administración de justicia. Si bien hemos tenido conocimiento de que algunos patronos han modificado de manera radical su manera de relacionarse, comprobamos que son los menos. La sensación que tengo es que no hay espacios comunes de concertación que permitan avanzar para generar un diálogo.