A cinco horas de Tarija está Ñaurenda, uno de los 21 pueblos guaraníes que transforman las palmas en artesanías en manos de mujeres y niñas.
Texto: Jorge Quispe • Fotos: David Guzmán
Una dócil araña teje una canasta de palma bajo un sol abrasador. Son las manos de Lucía Maire Sosa (43 años), una pobladora guaraní en Ñaurenda o el lugar de la ´olla de barro´ en el chaco tarijeño, donde las mujeres se dedican a trenzar con palmeras.
Lucía pertenece a una de las 342 familias que vienen de 22 comunidades de la provincia O’Connor, a cinco horas de viaje desde Tarija, un sitio en el que se instaló la Tembiaporenda o ´lugar de trabajo´ desde donde los pueblos guaraníes sellan sus productos con valor cultural para exportar.
Hace tres décadas sólo trenzaban cedazos o cernidores, pero ahora pueden fabricar posaollas, portalápices, paneros, costureros, abanicos, portarretratos, servilleteros y portacaramelos.
´Es la primera experiencia de un pueblo guaraní que teje artesanías para exportar y que además hace un manejo sostenible de la planta de la palma´, explica Alfredo Reynaga Martínez, responsable del proyecto Manejo y Aprovechamiento Sostenible de la Palma, del Centro de Estudios para el Desarrollo de Tarija (Cerdet), que trabaja con la Fundación PUMA y la Asociación de Artesanas y Artesanos Tembiaporenda.
Desde la última comunidad
Tentayapi en guaraní significa ´la última comunidad´. Ahí nació Sandra Gómez Segundo (43), en uno de los últimos rincones del chaco tarijeño. De joven, Sandra caminaba dos días para llegar hasta Ñaurenda, donde ahora vive y preside a las artesanas del lugar.
Durante gran parte del año la temperatura en aquella población supera los 35 grados centígrados a la sombra, por eso a nadie extraña que algunas familias decidan dormir fuera de sus habitaciones por el intenso calor. Todo cambia cuando el ´sur´ llega. El frío baja el termómetro hasta tres y cuatro grados bajo cero con nieve incluida, pero eso dura poco tiempo.
´Son los días en los que nos debemos poner hasta tres tipoys (vestidos) para cubrirnos del frío´, indica Sandra, que en invierno utiliza una chompa y una chamarra para no resfriarse.
Al llegar a Ñaurenda, árboles y arbustos de duraznillos, carahuatas, quebrachos colorados y blancos, algarrobillos, robles y taquillos dan la bienvenida a los visitantes.
El sitio está a 10 minutos de Timboy (Palo de madera), en el municipio de Entre Ríos en la provincia O’Connor; sin embargo, para llegar hasta Ñaurenda, una de las 22 comunidades tejedoras, se debe viajar cinco horas desde Tarija.
Yungas dentro del sur del país
No es casual que en el municipio de Entre Ríos en Tarija exista una comunidad con el nombre de Palos Blancos, al igual que en los Yungas al norte de La Paz.
La temperatura, los árboles frutales y los ríos otorgan a la población entrerriana y sus cercanías un paisaje similar al trópico paceño.
Si eso parece poco, para llegar hay que recorrer interminables curvas, donde por momentos se debe esperar a un lado de la carretera para dar paso a una flota, porque el ancho del carril es corto.
´El acceso a Entre Ríos es un poco difícil, pero eso es poco ante las distancias que las artesanas deben transitar para traer sus productos´, explica Reynaga Martínez.
Los grandes campos de pastoreo entrerrianos están llenos de ganado vacuno y, en algunos casos, porcino. Sin embargo, las familias guaraníes poseen reducidos corrales, algunos con vacas, otros con cerdos y pocos con chivos y cabras. Los más tienen gallinas.
A una hora y 20 minutos de Entre Ríos está Ñaurenda, donde habitan cerca de 150 personas cuyos jóvenes y niños asisten al Colegio Nacional Mixto Ñaurenda, que recibe a los 200 alumnos que llegan desde otras comunidades para aprender a leer y escribir.
Sin embargo, algunos mayores no conocen la escuela. Ese es el caso de la artesana Simona Arevayu, que no sabe cuántos años tiene. La anciana de aproximadamente 70 años sólo habla guaraní, empero, al igual que Lucía Maire Sosa, es una de las mejores tejedoras de la Asociación de Artesanas y Artesanos Tembiaporenda.
Tejidos con acento guaraní
A 10 minutos de la comunidade de Ñaurenda, en una propiedad de cerca 10 hectáreas, Simona elige el cogollo de un palmar cuyas hojas están amarillas y luego de examinarlo, con felicidad anuncia en guaraní: ´Küa karandai ikavima yaiki mbaera yayape tempiapo baera´ (´Esta palma ya está bien para rayar y para hacer una canasta´).
Ayudada de un gancho, Simona extrae la parte central de la planta. De un árbol, de cerca de siete metros, pueden salir hasta cinco cogollos y se necesitan 10 para construir una canasta.
Simona regresa con las hojas a casa para secarlas toda la mañana, luego empezará a tejer. En el territorio guaraní nada se desperdicia, por eso finos filamentos de la hoja, de 25 centímetros, son también utilizados como hilos.
Simona tejía de niña cedazos y algunos abanicos, pero a principios de los 80 aprendió a trenzar otras figuras gracias a Maura McCarthy, una estadounidense que llegó al lugar acompañada de tres artesanos desde Villamontes para enseñarles a trenzar.
1996. Cuando todo iba bien en la familia Arevayu, murió su esposo Sabino Barrientos. Desde ese momento las responsabilidades de Simona se duplicaron para sacar adelante a sus cinco hijos con los tejidos como la fuente de ingresos. Hoy Jesús, uno de sus cinco hijos, es enfermero en Tarija.
Hábiles dedos de niña
Danitza Catuiri (13) y Oraly Cuéllar (10) juegan mientras tejen con las hojas del karandai o palma, cuyo nombre científico es Trithrinax schizophyla drude. El trabajo que ellas y otras niñas hacen es muy apreciado en el mercado.
´Sus productos tienen un mejor acabado y, en algunos casos, supera al que realizan sus propias madres´, sostiene Reynaga Martínez.
Danitza cursa el sexto curso en el colegio del lugar, y jugar y hacer canastas es lo que más le gusta. ´Es bonito y fácil de trenzar´. Tarda cuatro días en acabar una canasta pequeña que cuesta 18 bolivianos. Poco tiempo, respecto a la semana o semana y media que en algunos casos demoran algunas artesanas mayores. Danitza hizo dos en las últimas dos semanas, pues además debe estudiar, pero quiere capacitarse para mejorar sus trabajos.
A dos metros se encuentra su amiga Oraly, a quien su abuela Herminia y su madre Segundina le enseñaron a tejer. Oraly se especializó en posaollas por las que pagan entre 8 y 15 bolivianos, sin embargo, ahora aprendió a elaborar canastas. ´Creo que en una semana acabaré una mediana´.
´Danitza, Oraly y otros niños aprendieron en la escuela a manejar los colores, la combinación y las diferentes figuras. Todo eso lo trasladaron a sus artesanías, que son mejor acabadas´, resume Reynaga Martínez en medio de un grupo de mujeres y niñas que tejen.
La Asociación de Artesanas y Artesanos Tembiaporenda y sus 22 comunidades alistan 300 productos al mes y a fines de mayo se preparaban para la Expoferia del Biocomercio en Santa Cruz.
Entre marzo y abril produjeron 5.000 cedazos para el mercado de Estados Unidos. ´Trabajamos durante 40 días con unos 750 artesanos para cumplir con esta meta´, señala con orgullo la dirigente Sandra Gómez Segundo.
Pasaron cuatro horas. Lucía teje aún una canasta con hojas de palma y a dos metros su hija Judith (15) trenza un panero. Ambos trabajos se mostrarán en Santa Cruz.
TIENDAS
Los productos de la Asociación de Artesanas y Artesanos Tembiaporenda se pueden adquirir en las tiendas Arte Campo y Comart en La Paz; Latinart y agencia Viva Tours en Tarija; Manos de Bolivia en Cochabamba; y Arte Campo y Ñandereko Nomay en la ciudad de Santa Cruz.
En el municipio de Entre Ríos, el Equipo de Apoyo a los Pueblos Guaraníes (EAPG) tiene también un depósito con cerca de ocho mil productos. Los guaraníes participaron en una exposición en Brasil y son invitados siempre a ferias nacionales.
BRÚJULA
Cómo llegar. Ñaurenda está en el municipio de Entre Ríos, en la provincia O\'Connor de Tarija. El costo del pasaje en flota desde Tarija es de 32 bolivianos y el viaje puede durar seis horas.
Dónde quedarse. No hay hospedaje en Ñaurenda, por lo que se debe ir temprano a la comunidad para retornar a Entre Ríos por la tarde. Ahí hay hospedaje desde 35 hasta 80 bolivianos.