El “empate catastrófico” lo acuñó el vicepresidente García Linera, en sus años de actor en El Pentágono de PAT, programa que no sólo creó un vicepresidente sino que empolló a otros de menor jerarquía. PAT ya había lanzado al estrellato a Carlos Mesa, a comienzos del 2000, llevándolo también a la Vice para después encumbrarse en la Presidencia. Pero ese es otro cantar.
Lo que interesa es que, tras la paliza electoral que pegó Evo Morales el 2005, su vicepresidente García Linera anunció que el “empate catastrófico” había concluido, es decir que, luego de la tunda, se había impuesto uno de los contendores —el populismo masista— sobre lo que llamó la “derecha”, que de derecha no tenía nada porque la derecha no es cualquier cosa. Se impuso el populismo sobre una oposición dispersa, sin ideas y derrotada de antemano. Ahí estábamos nosotros con nuestro votito inútil.
Pero resulta ahora que el tal “empate catastrófico” de García Linera sigue empatado. Lo que existe ahora es peor: un divorcio catastrófico donde nadie cede. Porque, si vamos a decirnos la verdad entre los bolivianos, el divorcio en el país es total. Un divorcio con camas separadas, cuernos, sopapos, incumplimiento de pensiones, tortura psicológica e hijos abandonados. Bolivia está divorciada. Y eso es, como todo divorcio, una catástrofe.
No hay semana que la gente del oficialismo y de la oposición no se enfrente a garrotazos o patadas en las calles o los caminos. No hay semanas sin bloqueos o sin huelgas de hambre. No hay día en que las amas de casa no protesten por la carestía de la vida. No hay acto donde S.E. no afrente a alguien o amenace con nuevas estatizaciones, haciendo alarde de un poder efímero que se lo van a quitar en la primera de cambio.
¿Habrá un juez capaz de llamar a la cordura a los divorciados? Uno que no sea venezolano ni tramposo, por supuesto. Lo dudamos, porque las agresiones y las ofensas han colmado la medida. Los diálogos dejan paso al chisme, el incumplimiento y a unas mentiras que no alivian el escozor de los cuernos y que los agudizan. No se puede hacer una partición de bienes porque uno no quiere soltar la caja fuerte ni de broma y el otro se ha quedado sólo con la alcancía.
Vamos mal. Muy pero muy mal. El orden ha sido desplazado de los cuarteles a las milicias. La Policía no sabe si pegar palos a los bloqueados o a los bloqueadores, o esconderse. El Gobierno es prácticamente virtual, porque se gobierna a través de la televisión con mensajes que cuentan unos éxitos que la población no ve. Las telenovelas han perdido su audiencia ante los noticiosos y los debates políticos. Estamos más pobres que antes, la platita no alcanza, y lo que abundan son los generosos cultivos de coca y las exportaciones de cocaína. Esto último, para las mafias de siempre. Es la catástrofe.
*Manfredo Kempff S. es escritor y diplomático.
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