En 1952, hace 56 años, una joven mujer ascendía al trono del Reino Unido luego de la muerte de su padre, el Rey Jorge VI. Era un momento difícil en la historia de Gran Bretaña. Los agotadores efectos de una guerra por la liberación de Europa y la supervivencia británica apenas comenzaban a sentirse en la economía y la sociedad británicas. Gran Bretaña empezaba a buscar un nuevo papel postimperial. Y la Guerra Fría que se desarrollaba entre dos bloques militares debilitaba la esencia del éxito global británico: comercio libre, fronteras abiertas y debate libre con el mundo.
Pero la Reina Elizabeth II trajo consigo esperanza y la sensación de un nuevo comienzo. Su ejemplo, su dedicación y perseverancia han contribuido al renacimiento moderno de Gran Bretaña. Una Gran Bretaña diferente: moderna, multicultural y confiada, pero basada en las mismas virtudes: trabajo duro, tolerante, democrática y con un respeto firme y esencial por el imperio de la ley.
El año 1952 fue también el año de la revolución en Bolivia. Gran Bretaña ha tenido varios levantamientos en su historia. Pero, esencialmente, su historia ha sido una de evolución y no de revolución. Lo que más caracteriza esa evolución es un constante diálogo: entre gobierno y los gobernados, entre grupos de interés económico o político, entre creyentes de diferentes religiones y diferentes nacionalidades —no olvidemos nunca que el Reino Unido está conformado por cuatro naciones: Gales, Escocia, Inglaterra e Irlanda del Norte—, un diálogo conducido en su totalidad por medios democráticos, ya sea en el Parlamento, en las cortes, en los consejos y la prensa. Ese diálogo continúa hoy en día, respaldado por un respeto común hacia las reglas del juego —la ley común, las instituciones democráticas—, un entendimiento y respeto hacia el punto de vista de las minorías y una convicción de que las soluciones, ya sean éstas políticas, económicas, culturales o religiosas, requieren ganadores en ambos lados para que funcionen y sean sostenibles.
La historia tiene un gran peso en Gran Bretaña. Pero parte del éxito del país durante los últimos 56 años se ha debido a la habilidad de liberarse de las cadenas de la historia. Esto no significa que no debemos seguir celebrando nuestra historia. Pero la Gran Bretaña moderna mira hacia delante y no hacia atrás, con confianza en el futuro en lugar de una excesiva nostalgia por el pasado. Por ejemplo, si nosotros guardásemos rencores por el pasado, mis colegas de Francia, Alemania o España no estuviesen compartiendo hoy día con nosotros, y mi amigo escocés, el Embajador de la Delegación de la Comisión Europea, estaría seguramente tratando de destrozar mi casa en vez de estar aquí tomando whisky —que por cierto es escocés.
La Unión Europea es tal vez el ejemplo más espectacular sobre el nuevo rumbo que ha tomado Gran Bretaña a partir del diálogo consigo misma y con el mundo. Es una unión compuesta ahora por 27 países, con diferentes historias, idiomas y culturas, muchos de los cuales antiguos enemigos tradicionales, que trabajan juntos para promover las mismas virtudes por las cuales los británicos frecuentemente han peleado y muerto: libertad de expresión, libertad de religión, libertad para el comercio y libertad para votar.
El Reino Unido no tiene un día nacional. No tenemos un Quatorze Juillet o un 6 de Agosto, un Grito de Dolores o un Día de la Libertad. Algunas personas se preocupan por esto. Pero, para mí, es una expresión de la evolución de Gran Bretaña. Y es muy apropiado que, en lugar de eso, celebremos nuestra nación, con un bajo perfil, a través de la personificación del monarca, el representante moderno del país y de una institución, la monarquía, que ha sobrevivido, se ha desarrollado y ha evolucionado por más de mil años.
No pretendo hablar mucho hoy día sobre la relación entre Bolivia y el Reino Unido. Ustedes pueden leer algunos detalles en los suplementos en la prensa del día de hoy o verlos en nuestra página web que será lanzada en breve. Pero sí, quisiera enfatizar en el continuo compromiso del Reino Unido hacia este país que, como en nuestra historia, continúa evolucionando. Este año celebramos 60 años de residencia oficial en esta casa, construida, coincidentemente, por un inglés. En el pasado todo solía ser sobre la Bolivian Railways, manejada por británicos hasta el año 1960 o sobre la industria del estaño, para lo cual ingenieros británicos contribuyeron muchísimo. Ahora, el enfoque es hacia la energía, con ciencia, tecnología, técnicas de administración y dinero británicos ayudando a desarrollar los campos bolivianos de gas y la industria de la electricidad. Las ONG británicas operan en Bolivia colaborando con sus socios bolivianos para mejorar las vidas de los ciudadanos bolivianos. Y existe más intercambio humano que nunca —los turistas británicos, una creciente comunidad boliviana en el Reino Unido—, intercambios culturales y de educación. Estoy acá porque nosotros, mi gobierno, cree que Bolivia desea que este compromiso continúe a pesar de la considerable competencia global y regional por nuestro tiempo, nuestros recursos y nuestras inversiones. Las relaciones internacionales también requieren de ganadores en ambos lados para poder florecer.
*Nigel Baker es embajador de Gran Bretaña en Bolivia. Discurso que pronunció ayer, en ocasión de celebrarse la fiesta nacional de su país.
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