Un epitafio es en principio sólo la frase que se escribe sobre la losa; pero, al ser la última, adquiere una importancia definitiva. Los más puristas dicen que debe recoger la esencia que deja una vida, que ya es toda retrospectiva. La tumba de Karl Marx tiene su célebre ´Los filósofos han explicado el mundo. Lo importante es cambiarlo´, y la de Ludwig Boltzmann su fórmula ´S = k log W´. Ambos epitafios dicen de la obra más que del hombre; la de Alejandro Magno, ´Una tumba ahora basta para aquél a quien el mundo no bastaba´, hace justicia a hombre y obra.
Muchos han sugerido sus propios epitafios con un toque de humor negro. Dorothy Parker propuso para sí ´Perdonen el polvo´ y Primo Levi simplemente ´174517´, su número en el campo de concentración. En la propuesta hay mucho de quien propone. Óscar Wilde sugiere ´Donde hay dolor hay suelo bendito´ y abundan las expresiones de fe como ´En Su voluntad está nuestra paz´ (Dante), o ´No hay dolor que el cielo no cure´ (Moore). La tumba de Emily Dickinson dice ´Reclamada´ (called back) y la de Fernando Pessoa ´Fui lo que no soy´; ejemplos supremos de síntesis.
Muchos políticos han sido satirizados, generalmente en vida, mediante epitafios hipotéticos. Churchill con ´Estoy listo para encontrar a mi Creador. Si Él está listo para ese gran encuentro es otra cosa´ y más cerca de casa ´Aquí yace Víctor Paz que en vida hizo bien y mal. El mal que hizo lo hizo bien, y el bien que hizo lo hizo mal´. Lo que podría parodiarse para Goni ´Lo que hizo bien lo hizo una vez, y lo que hizo mal una vez de más´ y para Tuto Quiroga ´Encontró en su carrera muchas puertas. Cruzó las abiertas, y no vio las cerradas´. Así también podría sugerirse para Evo Morales: ´Levantó a su pueblo, y lo dejó caer´, y para Carlos Mesa ´Pidió que lo echen, y se salió con la suya´. Pero es prematuro dar a los vivos una frase definitiva.
Usted lector y yo, moriremos todos, así que la elección u omisión de una frase que rece sobre nuestra futura tumba es cuestión relevante para todos los que no terminemos en el fondo del mar o tragados por la selva. Creo que pocos le han dedicado mucho tiempo a la cuestión —no conozco a nadie que lo confiese— y sospecho que por imprevisión o silencio casi todos seremos polvo bajo prosaicos ´QEPD´, ´Que de Dios goce´, ´Padre y amigo ejemplar´, ´Profesional tenaz´, ´As de la pelota´, o cosa parecida.
Los que no quieran descansar bajo una frase del montón tienen otras opciones, además de aventurarse a la propia confección. ´Una losa anodina es peor que la muerte´ advierte una empresa en internet, la que por una módica suma ofrece epitafios por encargo. ´No deje para última hora´ aconseja la empresa que también ofrece epitafios para mascotas. El lector sensato sospechará que de sitios de esa calaña no ha de salir un epitafio a la altura de una vida bien vivida.
Una opción posible es elegir a alguien que escriba nuestro epitafio. Si queremos que la frase nos haga justicia, que nos recoja la esencia sin adornos, la elección natural recaerá sobre un amigo, una persona de confianza, como se dice. Pero note el lector qué tipo de confianza es ésa que depositamos para ese propósito. No es la misma que la que le tenemos al mecánico, al abogado o al albacea. Pues, un amigo así es lo que busco para pedirle esa delicada tarea; pero con una condición: la reciprocidad. El azar dirá quién escribe y quién descansa, pero no hay revancha posible.
Es más fácil hablar de la muerte poetizando o filosofando que encararla como ese hecho inexorable que nos acompaña como la sombra de nuestra sombra —mis respetos Negra Señora— pero no deja de ser un ejercicio interesante preguntarse cómo resumiríamos nuestra vida en una frase, y más interesante aún, compararla con cómo creemos que lo harían los otros y, si fuera posible, con cómo lo harán realmente. Entre la muerte y el entierro es la hora del epitafio, y ésta no veremos.
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