Cuatro derrotas Lo deseable es que el gobierno del presidente Morales haga una evaluación correcta de los resultados e identifique la necesidad de establecer un diálogo auténtico para sentar las bases del entendimiento nacional que el país está pidiendo a gritos.
Tarija aprobó ayer con el 80,3 por ciento el proyecto de Estatuto Autonómico, frente a 19,7 por ciento de los votantes que optaron por el No, según los datos de Ipsos Apoyo para La Razón y ATB, en una jornada tranquila, con incidentes aislados, como en los tres referendos anteriores.
Con la consulta de ayer concluye el ciclo de cuatro referendos por estatutos autonómicos donde de las muchas coincidencias por observar, hay una que llama poderosamente la atención: en todos los casos, el triunfo de la opción Sí bordeó o superó el 80 por ciento (85,6% en Santa Cruz, 79,5% en Beni, 81,9% en Pando, y 80,3% en Tarija).
Y aunque no es un dato nuevo, queda reafirmado que en Bolivia existe ahora un bloque fuerte de cuatro regiones que entre sus principales rasgos de identidad muestra su posicionamiento claramente antigubernamental.
En estas cuatro pulsetas —porque fueron pulsetas entre regiones y Gobierno— la administración del presidente Morales resultó perdedora. Hay que recordar que fue su propio equipo, y el mismo Presidente también, quienes convirtieron a los cuatro recientes referendos en actos virtualmente plebiscitarios.
Si el Gobierno se hubiera quedado de brazos cruzados, aún identificando como ilegales los referendos, los resultados habrían sido con seguridad los mismos, pero éstos no le hubieran afectado en una sensación de derrota con la que hoy tiene que cargar.
Es que fue el Gobierno que con su campaña (su presencia con regalos para las regiones, su llamado a la abstención, los bloqueos y otras acciones) ha convertido en plebiscitos los referendos de Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija. Y en los cuatro casos perdió. Si algo ganó, probablemente, es haber elevado un poco los porcentajes de ausentismo, que, como se sabe, no cuentan para la ley, mientras no supere el margen del 50 por ciento que invalidaría la consulta.
También quedó claro que, contrariamente al discurso político, ninguno de los referendos proclamó la división del país. Por el contrario, en todos los casos se reivindicó la unidad nacional como un valor central de las regiones.
Es notable que en los cuatro departamentos, la opción del Sí ganó también en el campo, de donde podría desprenderse que o el MAS perdió ese electorado —extremo poco probable—, o el sentimiento proautonomista es superior —aunque no necesariamente incompatible— al de la militancia o simpatía masista. Es posible que en muchos casos los simpatizantes del MAS y del Gobierno hubieran desacatado el llamado de sus líderes para hacer fracasar los referendos por los estatutos.
Terminado este ciclo, lo deseable es que el gobierno del presidente Morales haga una evaluación correcta de los resultados, y, como ya se ha dicho, identifique la necesidad de establecer un diálogo auténtico para sentar las bases del entendimiento nacional que el país está pidiendo a gritos.
Ese entendimiento tendría que consolidarse en la firma de un gran acuerdo nacional gubernamental-regional-político-social que destierre del país, de una vez, el odio, la intolerancia, los afanes autoritarios, reconozca las diferencias y concentre el esfuerzo de los bolivianos en la productividad y el desarrollo, para combatir la pobreza y la injusticia.