Existen en el desarrollo y seguimiento de una economía distintas variables de comportamiento que están sujetas a sus actores activos y pasivos de gestión y control involucrados. La muestra tiene características que no se pueden disimular por más esfuerzos que justifiquen los gestores del Gobierno boliviano, los que están referidos a una inflación galopante, un deficiente nivel de la inversión y un crecimiento nada representativo ni influyente con nuestro desarrollo.
En esta ocasión nos preocupa la inflación galopante reinante, toda vez que ha superado los dos dígitos y definitivamente tiene tendencia a subir más de lo previsto hasta fines del 2008. No hemos contribuido con medidas serias y sostenidas a parar la inflación, ante el incremento sostenido y generalizado de precios en los bienes y servicios de la canasta familiar para la población estratificada en los nueve departamentos. En unos, como Oruro, Potosí, Cochabamba y Tarija, son mayores y en los otros son menores, pero en promedio calculado al período de mayo del 2007 a mayo del 2008 es del 17,78%. Prevemos que hasta fines de este año alcanzará al 28% acumulado.
Nuestra inflación es definitivamente compleja y está compuesta por una inflación de demanda y oferta denotada en el incremento de bienes y servicios de la población, sin que el sector productivo haya tenido las oportunidades de adoptar su cantidad de producción ofertada a la demanda de la población. La base monetaria tuvo un crecimiento en este último período mencionado entre el 58 y 60 por ciento, dado por la bonanza de exceso de liquidez inyectado en la economía. Las altas cotizaciones en los sectores hidrocarburíferos y de minerales, la exportación de la coca y los derivados y las remesas del exterior que nuestros compatriotas reportan al país son indicadores representativos que increíblemente, ante la falta de seguridad y políticas consistentes de desarrollo e inversión, generan inflación.
(...) la construcción creció a la fecha en un 14,5%, aumentando nuestro Producto Interno Bruto (PIB) en sólo esa actividad. La producción manufacturera no es influyente por su baja productividad, mientras que la agropecuaria presenta una reducción en la oferta por fenómenos incontrolados en la variación del clima y los desastres naturales de El Niño y La Niña.
La inflación de los costos de producción de bienes y servicios está estructurada en la composición de la subida de los costos de materia prima, mano de obra y gastos de fabricación, que cada vez se encarece y es escasa por la inestabilidad de los costos y el intento de los actores internos de mantener su tasa de beneficio o ganancia absoluta y/o relativa por encima, lo que definitivamente incrementa los precios de bienes y servicios puestos en mercado. Es cierto que a ello se suma que el incremento de los precios de los alimentos fue mundial y que Bolivia no es ajena a la importación de una inflación externa.
Finalmente, existe una inflación autoconstruida, resultado de que los distintos actores especulativos prevén aumentos futuros de precios y ajustan su conducta a esa previsión. Esta situación del incremento de precios en bienes y servicios representa una anticipación a una pérdida de valor de la moneda en un futuro y, ante la base de una especulación para aumentar ilícitamente sus ganancias, produce también una inflación promedio galopante, en la espiral ascendente. El incremento geométrico se da desde el productor al mayorista y minorista, para llegar a la población con subida de precios y poder adquisitivo alto.
De otra parte, en este escenario por supuesto complejo, el Gobierno no tiene políticas económicas definidas y consistentes.
Existe un marco de transacciones de mercado abierto sujeto a la suficiencia de la valoración de la moneda boliviana en relación con el dólar estadounidense, liberando importaciones de alimentos e insumos importantes como el trigo (harina), arroz, fideos y carne y prohibiendo, contrariamente, la exportación en dicha competitividad abierta.
No existe una política monetaria de regulación del Banco Central de Bolivia que influya en la tasa de interés por aumento de bienes y servicios. La reducción de impuestos dentro de un régimen de tasa de cambio flotante para fomentar la creación de capital y la reducción en el consumo. El control de precios en bienes y servicios y su nivelación salarial es poco notorio y desproporcional en su interacción, constituyéndose en un efecto negativo en tanto afecta el nivel de ingresos y la capacidad de consumo de los trabajadores. Por tanto, el control de precios no ejercido limita la competitividad productiva y además rentable y distorsiona el mercado de oferta y demanda, imposibilitando vender los productos con relación a los altos costos de producción, y se presta también a la especulación.
En fin, la inflación galopante reinante representa nomás una caída en el valor de mercado o del poder adquisitivo del ciudadano boliviano. Si ayer (mayo/2007) contaba con un ingreso de Bs 1.000, hoy (mayo/2008) el mismo ciudadano debe conformarse con tener Bs 823 para afrontar sus necesidades de bienes y servicios. En diciembre del 2008 este mismo ingreso de Bs 1.000 se habrá devaluado a Bs 720, para señalarlo en términos simples.
*Luis Adalid Aparicio D. es decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Financieras de la UMSA.
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