Un filósofo disidente de la ex Unión Soviética, Alexander Zinoviev, escribió, allá por 1976, ´Cumbres abismales´, una obra que elabora un retrato irónico y pleno de sarcasmo sobre la sociedad y la política durante el estalinismo. Tan acostumbrado a los juegos lingüísticos, Zinoviev imagina en esta obra, con trazos caricaturescos, una ciudad llamada Ibansk, que destila las contradicciones del régimen en su vida cotidiana y relaciones sociales, diseccionadas con maestría a partir de diálogos del absurdo y paradojas por doquier.
Ibansk es apenas un pretexto para abordar las contradicciones que se viven en el país, sin caer en apologías ni fatalismos que se digieren tan difícilmente en estos tiempos brumosos. De ninguna manera pretendo comparar el régimen soviético de Stalin con apenas un remedo liberal de progresismo planteado por el actual Gobierno, ni tampoco deseo ser un altavoz de las críticas desde las alas conservadoras sobre el autoritarismo oficial, pues, más allá del ruido mediático, lo que queda claro es que Evo Morales apenas se da modos para ejercer alguna autoridad como gobierno. Hechas estas aclaraciones, podemos volver a Ibansk.
En esta comunidad ´imaginada´, se dictan leyes y normas, pero muchas de ellas no persiguen lo que uno supone que buscan; en realidad su objeto es encontrar a todos aquellos que no están de acuerdo con la aplicación de las mismas. Un profesor noruego ve en esta afirmación la representación de un sistema político despojado de contenido y que sobrevive apenas por su forma.
Muchas de las acciones normativas recientes en nuestra ´Bolibansk´ tienen este sentido, que es prácticamente discursivo; es decir, más que su acatamiento, ya sea desde el Gobierno nacional como de los emergentes gobiernos regionales, las normas o medidas pretenden identificar a los que las rechazan, haciendo públicamente visibles a los ´enemigos´ de lo que se predica como cambio. De esta manera, es más fuerte el carácter performativo del discurso que la aplicabilidad de una norma jurídica, lo que refuerza el hecho actual de la mera formalidad del sistema político.
Pero no toda similitud está en el derecho; Sinoviev retrata en Ibansk la costumbre de atribuir al poder todos los éxitos y lo positivo de un régimen, calculando siempre sus acciones para no hacerse responsable por ningún fracaso; de hecho, hasta las catástrofes tienen a un responsable que no pertenece al ámbito de la autoridad. En nuestra ´Bolibansk´, ¿acaso no es cierto que se reivindica como éxito propio el crecimiento económico por efecto inercial del contexto internacional, y se fustiga tanto a los países capitalistas por su responsabilidad en las catástrofes naturales?
*Gustavo Luna es comunicador y trabaja en el Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA).
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