Puede uno tener la mejor voluntad para entender las acciones del Gobierno. Pero hay algunas imposibles de aceptar por su estupidez, porque carecen de sentido común o su incongruencia con la práctica política más elemental. A menos, claro, la poco creíble posibilidad de que, además de tiempos de cambio, estemos viviendo tiempos de incapacidad total.
Hay varios ejemplos. El más reciente es el de ese oficial de Ejército detenido en Yacuiba después del atentado contra un canal de televisión. Es tan absurdo que si no fuese ilegal, política y éticamente grave, sería libreto de Tra la lá o de Confidencias.
Grave porque involucra en terrorismo a un oficial del regimiento escolta presidencial y aparentemente con acceso libre al Palacio de Gobierno. Grave porque se le encuentran armas de exclusivo uso militar, entre ellas un fusil AK-47. Pero más grave, porque se dice que el ejército tiene 10.000 AK-47 y los senadores afirman que nunca autorizaron su compra. Según la ley, el Parlamento debe autorizarla, así como su recepción si son donados. Lo único que se sabía, además de sus características, era que en el 2005 Venezuela compró 100.000 fusiles AK-47 rusos. Según el Ministro de Defensa, los que hay en Bolivia son chinos.
Rusos o chinos, no importa, el absurdo empieza cuando a alguien se le ocurre un atentado semejante, en las circunstancias, momento y lugar en que se produjo. Como para deducir los móviles, sin esfuerzo, aunque no se descubra al autor. Absurdo porque se le encarga ejecutarlo a un miembro de la unidad encargada de la seguridad presidencial. Mayor absurdo aún si es, como dicen, entrenado en Venezuela y se hace detener por culpa de un hecho de tránsito, con todos los documentos que tiene y carga las armas que carga. Al margen del tema ético y de respeto a la ley, el sentido común hubiera actuado seguramente de otra manera. Peor, imposible.
Como para suponer que detrás de la estulticia hay un plan complejo para dejar mal parado a quien dejó mal parado. Al Gobierno, en primer lugar, y a las Fuerzas Armadas, por detrás. Personificando, al Presidente y al Comandante del Ejército, que tendrían tal vez que gritar “no me ayudes, que me ahogo solo”.
El asunto es que este tipo de estupideces, nos guste o no, terminan afectando a todos los que vivimos estos tiempos de cambio.
*Juan León C. es periodista.
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