Cuando Evo Morales asumía la primera magistratura del país, el 21 de enero de 2006, escribí una nota periodística donde destacaba la gran oportunidad que se tenía en términos turísticos, si se aprovechaba la imagen del primer presidente indígena en el mundo. Así, las instancias encargadas de diseñar políticas de promoción agresivas y sostenibles debían estar encabezadas por el Viceministerio de Turismo y el de Culturas. Han pasado dos años y medio y el proceso de aprovechamiento de la imagen del Presidente indígena sigue estático cuando a la postre, en muchas latitudes, continúa la sorpresa y el deseo de conocer la vida, la historia de este hombre con particularidades propias.
Aun cuando Evo Morales visita Europa, Asia o países de América Latina, su imagen no deja de sorprender y cautivar, motivando a mucha gente a visitar el país donde él nació y se hizo Presidente.
En un contexto autocrítico, se debe reconocer que ninguna de las instancias arriba mencionadas hicieron algo para aprovechar esta coyuntura fundamental y poner la imagen turística del país en los primeros planos, en el marco de una planificación promocional y de marketing, que ponga como línea estratégica la imagen de un país que cuenta con un Presidente indígena. De la misma forma, esto implicaría la consecuencia de abrir nuestras fronteras para dar paso a un turismo receptivo que nos generaría un rédito económico muy interesante, sobre todo en las comunidades rurales y urbanas donde están los atractivos turísticos y salir del fondo en el que nos encontramos en turismo receptivo a nivel de Sudamérica, aspecto incomprensible cuando tenemos lo que tenemos.
Esta situación podría ser contrarrestada si algunas posturas se harían realidad, por ejemplo, la posibilidad de exigir visa a los europeos, que, si bien es comprensible en el marco de una política de reciprocidad, no es conveniente, más aún cuando ocupamos el último lugar del continente en términos de turismo receptivo.
Lo determinado recientemente por la República del Ecuador y la disposición expresa de su presidente de permitir a los ciudadanos de cualquier nacionalidad el ingreso libre a ese país, sin visa, con la posibilidad de permanecer por un periodo de 90 días en aplicación del principio de “libre circulación de personas”, es una señal clara de apertura al mundo para mostrar las vocaciones naturales y culturales que se poseen y cosechar un beneficio económico sin precedentes, tal cual lo sentencia la misma disposición que manifiesta “con el fin de fortalecer las relaciones entre Ecuador y todos los países del mundo, y promover el turismo”.
Es mejor abrirse al mundo que cerrar fronteras o poner obstáculos que limitan la visita de turistas. Al final, quienes se cierran a esa vía están dando la opción a otros de aprovecharse de las ventajas que dilapida nuestro país.
Algunas posturas políticas extremas no siempre son digeribles o provechosas para la dinámica turística. Por ello, será mejor siempre buscar el punto de equilibrio.
*Carlos Marín P. es experto en gestión del turismo. Ex director deptal. de Turismo de La Paz y Chuquisaca.
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