El ministro de Hidrocarburos, Carlos Villegas, cometió un acto de coraje político. Sacrificó su prestigio personal para explicar por qué el gobierno boliviano firmó contratos para vender algo que no tenía.
Dos días después de haber sido ratificado en el cargo, se inmoló al aceptar la vergüenza de que el compromiso de enviar a Argentina 27,7 millones de metros cúbicos diarios de gas estaba sobredimensionado en 15 veces respecto de las posibilidades reales, que son de 1,8 millones.
El gobierno del presidente Evo Morales tenía datos muy optimistas sobre la producción de gas, que resultaron falsos, dijo el ministro. Por lo tanto, ahora tiene que firmar documentos para corregir ese contrato. Esta vez sí, dice Villegas, con el control total de la situación petrolera, el gobierno firmará contratos realistas.
Y con esa palabra el gobierno boliviano entra en otro berenjenal. Lo realista en este momento es que Bolivia puede enviar a Argentina exactamente lo que en estos días, es decir un promedio de 1,83 millones de metros cúbicos diarios. Ni siquiera se puede cumplir con el contrato suscrito el 2004 por 4 millones de metros cúbicos diarios, que fue ampliado hasta 7,7 millones. La osadía mayor se produjo en junio del 2006, cuando el gobierno boliviano decidió enviar a Argentina 27,7 millones diarios a partir del año 2010.
El excelente profesional sureño admitió que el gobierno firmó contratos sin saber la realidad. El optimismo de las petroleras engañó al gobierno, según esta lectura.
Pero hay alguien que tiene una explicación más coherente para estas vergüenzas que obligan a un profesional prestigioso a inmolarse. El senador tarijeño Carlos Darlach cree que los gobernantes de los dos países, Bolivia y Argentina, firmaron contratos guiados por el entusiasmo electoral.
El contrato para elevar el volumen hasta 27,7 millones fue firmado el 29 de junio del 2006. Faltaban cuatro días para que se realice la elección de los miembros de la Asamblea Constituyente en Bolivia. Y el documento fue ratificado en octubre del 2007, en Tarija, a pocos días de la elección que convertiría a Cristina Fernández de Kirchner en presidenta de Argentina.
Sólo así se entiende por qué Argentina no acude a la cláusula deliver or pay que obligaría a Bolivia a pagar por el gas que no está enviando. Son mentiras compartidas.
La mentirita del gobierno boliviano es peligrosa porque desde fines del 2006 que Bolivia viene incumpliendo el contrato de venta de gas a Argentina, en plena vigencia de la famosa cláusula. Si algún día los argentinos se libraran de la dinastía K, sería bueno para ellos pero muy malo para los bolivianos, pues comenzarían a llegar las facturas por todo el tiempo de incumplimiento de los contratos. Y Bolivia tendría que pagar.
Pero el ministro Villegas tiene más motivos para sacrificarse. Tendría que estar buscando las palabras para explicar cómo es que los funcionarios de YPFB vendieron petróleo reconstituido a una empresa fantasma que no entregó la boleta de garantía por 40 millones de dólares. Quizá las entregas apresuradas sean práctica de otro tipo de negocios, o de mercaderías, pero con el petróleo la cosa es más seria.
*Humberto Vacaflor G. es periodista.
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