Pocas veces Bolivia se ha enfrentado con una serie de circunstancias más propicias para una explosión violenta entre los ciudadanos. Amigos que se enemistan, parientes que se distancian. La prensa independiente viene sonando llamados de alarma. La Iglesia los ha repetido infinidad de veces, sin que las partes contrincantes le hagan caso. Lo mismo que ha ocurrido con los consejos —acertados u oportunistas— de algunos organismos internacionales y países amigos. Así Bolivia va de tumbo en tumbo. De manera que aun cuando sé que mi opinión no va a solucionar el gran enredo, siento la imperiosa obligación, como leal ciudadano, de decir mi palabra. Si es tenida por válida, ¡bendito sea Dios! Si es arrojada a la basura, ahí quedará, pero no perjudicará tan sólo a quien esto escribe, sino también a muchos, muchísimos ciudadanos que se esforzaron en buscar la concordia, aun admitiendo las legítimas diferencias.
Este comentario, que viene a ser mi “reaparición en pantalla”, exige confesar que estas semanas de ausencia no fueron por vacaciones, sino de recuperación de uno de esos tropiezos que tiene la salud. Vuelvo a la brega con la misma ilusión de siempre: perseguir la verdad sin subterfugios y poner mi esfuerzo en consolidar la democracia.
Se llevaron a cabo los referendos autonómicos en cuatro departamentos, cuya abrumadora ciudadanía voto por el Sí. Pero cuidado, ¡la autonomía es contagiosa! El departamento de Potosí, que en el referéndum de julio del 2006 votó por el centralismo, flirtea con la autonomía. En La Paz, basta que se le encienda la mecha del desarrollo socioeconómico de su área norteña para alentar proyectos concebidos hace mucho tiempo, pero dejados por incuria, o por enredos de la política de chichería.
La gran paradoja de estos tiempos pasa justo cuando estaban surgiendo oportunidades de recuperar tanto tiempo perdido. En diciembre del 2005, el MAS logró una inédita mayoría para concretar un pacto social, un gran gobierno con un futuro institucional de inclusión y justicia social, pero el soñado propósito tropezó con la provocación de odios ancestrales que ahora son atizados desde los puestos de poder, con el deseo vano de reproducirse en él. La incertidumbre se apoderó del país. En este momento nadie sabe cómo se resolverá esta crisis y sólo atinamos a pedir que se evite la violencia. ¿Y el pacto? ¿Dónde quedó ese proyecto de vivir bien? ¿Qué resolverá el revocatorio/confirmatorio?
Convengamos en que, como toda consulta electoral, este referéndum no solucionará los problemas, sino reacomodará a los actores como si fueran placas tectónicas. El objetivo será entonces evitar el terremoto social y político que sólo genera víctimas, además de la pérdida de oportunidades que trae consigo una situación de desgobierno y la sistemática pérdida de la institucionalidad del país. Cabe preguntarse sobre la pérdida de autoridad de las Fuerzas Armadas, que fueron vestidas con ponchos rojos, humilladas en Sucre ante la premeditada ausencia de la Policía y recientemente involucradas en un escándalo político que lastima. Los estrategas del poder juegan con fuego y pierden la oportunidad del pacto, que no saldrá de las ‘champa guerras’.
*José Gramunt es sacerdote jesuita y director de ANF.
Contratos de mentiritas
El ministro de Hidrocarburos, Carlos Villegas, cometió un acto de coraje político. Sacrificó su prestigio personal para explicar por qué el gobierno boliviano firmó contratos para vender algo que no tenía.
Camino a la violencia
La irresponsabilidad de la oposición y la insensatez del Gobierno están llevando al país a una situación de inminente violencia colectiva con impensables consecuencias para el futuro de los bolivianos.
¿Quién se comió mi chuño puti?
Como es de dominio público, la inflación general a mayo del año que transcurre, demasiado rápido en mi humilde opinión, ha llegado a 7,49% y, lo que es más preocupante, el aumento de precios acumulado está en 16,8%.
Jesuitas hoy
Me toca escribir esta columna en plena asamblea de reflexión de jesuitas de Bolivia sobre el sentido de nuestra misión hoy aquí, dentro de la formulación actualizada que de ella ya se hizo a nivel mundial, a principios de este año.
Contar cuentos
Gracias a su inventiva prodigiosa y a sus sutiles artes de contadora de cuentos, Sherezada salva su cabeza de la cimitarra del verdugo. Arreglándoselas cada noche para tener a su esposo y señor, el rey Sahrigar, fascinado por sus historias, e interrumpiendo su relato cada amanecer en un momento particularmente hechicero de la intriga,