El funcionario de un motel contó que dentro de la rutina, de vez en cuando se sabe de pedidos “extraños”. Uno de ellos provino de una pareja de adultos que, al parecer, era un matrimonio.
El hombre pidió que se le envíe un gigoló (compañía pagada para mujeres). “Nos costó un poco conseguirlo. Le ubicamos, le hablamos sobre el servicio que debía cumplir y, luego de trabajar, nos contó el resto”. Dijo que el cliente se limitó a observar al gigoló y a la mujer, de uno y otro ángulo, sin hacer nada más.
En general, en los sitios consultados no se habló de conductas extremas. Lo más raro fueron los pedidos de bebidas alcohólicas costosas o productos que no ofrecían en el lugar y que tenían un costo extra. También se recordaron situaciones en las que más de una pareja ingresó a una habitación. “Eso cuesta más”.