Runoko Rashidi es un investigador afrodescendiente que viaja por el mundo para compartir con sus hermanos el legado de su pasado.
Texto: Jorge Soruco Ruiz Fotos: David Guzmán
P ara el historiador estadounidense Runoko Rashidi, la base del progreso de las personas radica en el conocimiento de sí mismo, “y el que nos conozcamos depende de lo que nos han contado de nosotros y lo que nos han enseñado a los afrodescendientes es que somos esclavos”.
Con algo más de un metro sesenta de estatura, silueta redondeada, pelo blanco e inseparables gafas, Runoko se asemeja más a un Papá Noel afroamericano que al animoso investigador de la historia de sus ancestros que viaja por los cinco continentes enseñando la historia de África a los que denomina “miembros desconocidos de la gran familia africana”.
Bolivia es el país número 88 que visita. Su llegada no fue el resultado del trabajo de una organización, ni tiene el financiamiento de embajadas. Runoko llegó a este territorio gracias a su propio bolsillo y con la sola intención de conocer a los afrobolivianos.
De hecho, la decisión de llegar al país fue cuestión de un momento, ya que “estaba en Perú, cuando me contaron que en los Yungas de Bolivia también había afrodescendientes. Inmediatamente busqué la manera de llegar al país y me contacté con gente para que me ayude a llegar a estos pueblos. Me emociona conocer nuevos lugares y a nuevos hermanos míos”.
La llegada de Rashidi tomó por sorpresa a los habitantes de Tocaña y Chicaloma, aunque fueron avisados por la ONG ACDI/VOCA, que fomenta proyectos de desarrollo comunitario en Bolivia mediante el financiamiento de USAID y el Gobierno boliviano. El motivo, como dijo el comunario Juan Vásquez de Tocaña, era la primera vez que recibían a una persona estadounidense de su misma ascendencia y que, además, llegaba con el regalo de la historia de sus antepasados.
Devolviendo la historia Con el ceño fruncido, Runoko explica que a la gente de África —conocidos como negros, afros, gente de color, neegers, raza negra, y otros adjetivos denigrantes o simplemente descriptivos— no sólo le fue quitada la libertad, sino que también su dignidad.
Como ejemplo, cuenta su propia experiencia en su natal Estados Unidos. Nacido como Donald Ross hace 54 años, Runoko pasó su niñez y adolescencia en uno de los periodos más intensos de lucha contra la discriminación racial.
“Fue una época de grandes cambios, en las que tratábamos de definir nuestra identidad y conseguir de la mayoría el respeto que merecíamos como personas”.
Sin embargo, para muchos esta búsqueda no incluía el indagar en los orígenes africanos ni en la historia. “Como a muchos de ustedes, a mí también me enseñaron que mi historia comenzaba con la esclavitud de mis ancestros. Por ello, cuando yo era joven, me enojaba si me decían africano”.
Runoko considera que este autodesprecio se origina en los esfuerzos de los tratantes de esclavos de eliminar cualquier indicio de independencia. Para ello eliminaron el orgullo africano, obviando la historia ancestral del continente y estableciendo la creencia sobre que la esclavitud era el principio de su historia.
Esta estrategia educacional no sólo se manifiesta en los países donde comunidades afros se asentaron. El concepto que dice que la esclavitud es la base de la historia negra también impera en la educación del continente africano.
Runoko pudo comprobar que en las naciones africanas, la enseñanza de la historia comienza con la llegada de los colonizadores, sean estos europeos, árabes u otros.
De pronto, la faz de Runoko se ilumina y recuerda que en la universidad comenzó a conocer la verdadera historia de África. Eso le llevó a especializarse en el pasado de ese continente y el cambiar su nombre “de esclavo” a otro que lo represente mejor, Runoko Rashidi.
Pasado glorioso Mientras los pobladores de Tocaña escuchan, Runoko describe una era gloriosa del continente negro, cuando grandes imperios dominaban el territorio o cuando la humanidad comenzó su camino.
“La humanidad nació en África, como demuestran los últimos descubrimientos. Además, algunas de las grandes civilizaciones también surgieron en esa tierra. Nuestros abuelos no fueron esclavos, en realidad, ellos fueron reyes”.
Imperios en Nigeria, la ciudad de Timbuktú, la civilización Son Hai son algunos de los ejemplos del pasado africano, pero para Runoko no hay nada que ejemplifica mejor el potencial africano que Egipto. “Ellos eran parte del continente. No lo solemos tomar en cuenta, pero es cierto. Yo viajé 19 veces a Egipto y siempre quedo maravillado por los logros de nuestros abuelos. Es algo... mágico”.
Buscando el futuro Al recuperar el pasado, Runoko pretende curar las heridas del presente. “Debemos conocernos para que nos queramos entre nosotros. Nuestros problemas son los mismos, ya seamos de Estados Unidos o de Bolivia”, explicó a los pobladores de Tocaña y Chicaloma.
Estos problemas y heridas son, en gran parte, propagados por los mismos afrodescendientes. “También nosotros acicateamos al racismo. En mi país todavía hay hermanos que aún miden cuán oscuros son. Otros se enorgullecen de ser más claros, pero se olvidan que esa claridad puede ser resultado de la violación de nuestras abuelas por los esclavistas”.
También hay quienes que no quieren que les recuerden el periodo de esclavitud. “Aunque mi objetivo es recordar el pasado glorioso, no ignoro que hemos sufrido indignidades y es una herida que debemos limpiar para que sane”.
Por otro lado, el deseo de recuperar la dignidad puede llevar a extremos que generan odio y mayores resentimientos.
“La idea es recuperar nuestra historia, no buscar revancha ni fomentar el odio racial, que una vez prendido es difícil de controlar”.
Y para evitar esta posible conflagración, Runoko planea continuar con sus viajes, repartiendo la información que consigue y, además, conociendo nuevas naciones.
Pero no sólo busca estar en los países que visita una sola vez. “La segunda parte de mis viajes es unir lazos entre hermanos. El próximo año regresaré a Tocaña y Chicaloma con un grupo de estudiantes, para que se conozcan”.
Y, tras dos días de viaje en los Yungas paceños, Runoko parte de nuevo, buscando nuevas aventuras, lugares novedosos y familia.