La vivienda construida hace cuatro siglos es ahora un paraíso y el museo del licor de la uva. Una parada obligatoria en el sur del país.
Texto: Jorge Quispe • Fotos: David Guzmán
En el patio de la Casa Vieja, Doña Vita trata con especial cariño a El Cholero. El nuevo producto vinícola enamora con su aroma hasta a los más exigentes gustos y sus encantos trascienden Concepción en Tarija y llegan hasta La Paz, Santa Cruz y Cochabamba.
Doña Vita no sólo es una marca registrada, es el sobrenombre de Victoria Quiroga de Lazcano, de 53 años, 30 de los cuales se dedicó a la transformación artesanal de la uva en vino patero. ´Cada vino que hago es como una hijita recién nacida´, resume con amor la tarijeña en la Casa Vieja, una vivienda que debe el nombre a su antigüedad y que ahora, de la mano de Doña Vita, es el nuevo paraíso de la uva.
El día que el vino faltó
En una casa tarijeña nunca falta el vino, pero un día no alcanzó. A Gabriel Lorenzo Quiroga, el padre de Victoria, siempre le gustaba tomar sus vasitos del elixir. ´Yo hacía para mi papá y para mi familia, y cuando algún vecino me pedía, le invitaba un poquito´, recuerda Doña Vita.
La demanda se multiplicó. ´Ya no había para nosotros y por eso ella, Doña Vita, comenzó a elaborar un poquito más... Aquello creció de 100 a 200 litros y así un poco más cada vez´, cuenta su esposo Nicolás Lazcano, de 64 años. Aquello pasó hace unas dos décadas.
´Esas veces vendíamos uva, pero un día las bodegas nos avisaron que no nos comprarían más. Construimos las piletas y empezamos a preparar en mayor cantidad el vino patero´, rememora Nicolás mientras toma un vaso de vino blanco.
Sin embargo, las primeras experiencias fueron complicadas. ´Un tiempo nadie quería comprar la uva negra y en eso hicimos vinagre, un vinagre que se hizo famoso, pero en el segundo intento ya nos salió muy bien el vino´, lanza Victoria, madre de cinco hijos y nacida en Ancón Chico. Hoy, la producción de esta bebida, por parte de la familia, alcanza a los diez mil litros por año.
En Concepción, a 25 kilómetros de Tarija, Doña Vita es muy popular y ahora los vinos a los que también les puso su nombre son igual o más o famosos que su creadora.
Un proceso de seis meses
El vino en la Casa Vieja se elabora como hace 30 años. ´Nada ha cambiado´, esgrime Doña Vita ´no utilizamos químicos y tratamos al vino como si fuera un bebé´.
Luego de la cosecha en febrero y marzo, las uvas son trituradas o pisadas. Durante el Festival de la Vendimia, las jóvenes más hermosas realizan esta práctica. Luego se coloca la pulpa, la semilla y la cáscara en cubas de roble para la fermentación. A partir de ahí, el proceso puede durar unos seis meses, y en algunos casos, hasta un año.
´Nosotros seguimos utilizando los barriles de roble, todo es rústico, en épocas altas (febrero y marzo) nos falta tiempo, manitos y patitas para pisar a las uvitas´, formula Doña Vita, detrás de un barril.
En agosto, el vino patero se encuentra listo para salir hacia los diferentes mercados del país.
Pero ahí no acaba todo, porque en Concepción, Victoria y la Casa Vieja ofrecen a los clientes 12 clases del licor de los dioses, como también llaman al vino: los ásperos, los semidulces o choleros, oportos y los blancos, tintos y rosados. ´Ahora, entre los nuevos tenemos al cabernet sauvignon, el syrah, el riviera, la criollita, los varietales, las rosaditas y últimamente el mellisero, que es muy rico´, formula la especialista.
En Doña Vita los vinos semidulces, oportos y secos cuestan 20 bolivianos, un tinto cabernet sauvignon sale a 60 y los de reserva pueden llegar hasta los 150, 250 y 450, según el año de cosecha.
Doña Vita como marca registrada ganó el primer premio en el Festival de Vinos y Quesos 2004, además cada año cuenta con su propio stand en la Expocruz de Santa Cruz, eso sin contar las ferias de Cochabamba, Sucre y La Paz, donde periódicamente participa.
A principios de junio recibieron una invitación para ir hasta Alemania, pero el alto costo del viaje determinó su inasistencia.
No obstante, Doña Vita es muy optimista y confía en que la apertura de los mercados internacionales se dará poco a poco.
Un japonés se rinde ante la uva
El viernes 30 de mayo no será un día más en la historia del turista japonés Chenko Chen, que bordea los 70 años. Aquella mañana, el extranjero llegó junto a su esposa Chen Siamen hasta la Casa Vieja.
El asiático escuchó muy atento la explicación del catador Gabriel Romero (18) en la vinoteca o museo del vino, probó de los vinos semidulces, los ásperos y hasta los de reserva ante la mirada cada vez más preocupada de su esposa.
´Mejor que sake´, es lo único que se le escuchó tímidamente al visitante. Luego, sus ojos brillaron cuando vio uvas en singani: frutas maceradas en el licor y que el museo de la Casa Vieja, guarda desde 1997, 1992 y hasta de 1980.
Gabriel aconseja siempre que se tomen sólo tres, pero Chenko no hizo caso y con una sonrisa de por medio se comió cinco. Unos 45 minutos después del epicúreo momento, el hombre que llegó de la tierra del sol naciente estaba sentado en una banca y rendido, o como dicen en Tarija, ´bien chupao´.
Las anécdotas son miles cuando al menos unas 600 personas por día visitan el museo, un lugar donde además de la degustación de las doce clases de vinos con el catador Gabriel, se puede disfrutar del licor de uvas, las uvas al singani, el licor de membrillo, vinos viejos, cosechas de hace 38 años y la colección privada de la familia.
Doña Vita recuerda que una vez un paceño, por catar los vinos, se olvidó una maleta llena de dólares.
“Volvió asustado, pero su dinero estaba ahí. Acá nada se pierde”.
El sitio es la primera parada en el recorrido en la Casa Vieja. Un espacio adornado con decenas de fotografías de la Fiesta de Vendimia, la elección de las reinas, el desfile de las carrozas, el pisado de la uva, la cata de los vinos, además de artesanías de Tarija y hasta un afiche sobre arte y vino están en la habitación que mide cerca de ocho metros de largo por cuatro de ancho.
En el libro de los visitantes figuran las firmas, entre otros, de Jaime Paz Zamora, Samuel Doria Medina y hasta el grupo mexicano Bronco.
Junto al vino, la comida
Después de conocer las bodegas donde se conservan las cosechas en barriles de roble para su envasado y venta, los visitantes suben a una terraza y observan las tres hectáreas del viñedo de la Casa Vieja.
Al retorno, un chancho a la cruz, uno de los platillos más requeridos de la región, espera en el restaurante de la Casa Vieja. La cocina ofrece, además, las costillitas, el picante de pollo, el ají de lengua, la ranga, el tradicional saice y la sopa de maní. Mientras los comensales degustan del sabor tarijeño, la música chaqueña suena de fondo.
Los fines de semana se realizan además conciertos con renombrados grupos del departamento sureño y otros lugares del país. ´En la Casa Vieja siempre tenemos una oferta variada para nuestros visitantes del país y fuera de él´, invita el catador Gabriel.
Victoria se ve de aquí a cinco años al frente de un gran restaurante y con sus vinos en el mercado internacional, pero al igual que hace 30 años seguirá elaborando el vino de manera artesanal.
En este momento, los vinos pateros Doña Vita son los que más salen al interior del país, mientras su esposo es el responsable de crear los vinos de mesa Casa Vieja.
Una tradición familiar que continúa todos los días, jornadas que le permiten ratificar a Doña Vita, que el vino jamás morirá, porque en Tarija este licor sirve hasta para curar algunos malestares.
´Una señora vino para agradecerme porque dice que su hija ya no hablaba y yo le llevé vino para que le dé en cucharitas, ahora la niña recuperó la voz´, sintetiza con una botella de El Cholero en la mano.