150 personas relacionadas con el ecoturismo se reunieron en Concepción, Santa Cruz, para compartir sus experiencias y buscar soluciones a los problemas que afectan al creciente rubro.
Texto: Jorge Soruco Ruiz • Fotos: Miguel Carrasco
Un enemigo más: el surazo. Frente a la necesidad de mejorar la calidad de vida de los pueblos originarios, la creación de mercados para el turismo y la conservación de la naturaleza, operadores turísticos de todo el país, privados y comunitarios, tomaron al pueblo de Concepción, en la chiquitania cruceña, como punto de encuentro para compartir experiencias, discutir problemas y tender puentes.
Tiritanto; cambas y collas, empresarios y autoridades indígenas... 150 personas que llegaron de universidades, mancomunidades, instituciones estatales y tierras indígenas se reunieron en la Tercera Cumbre de Ecoturismo para intercambiar sus historias en la búsqueda de acciones que ayuden a que el turismo ecológico continúe su acelerado crecimiento.
Marcelo Arze, responsable de ecoturismo de Conservación Internacional Bolivia, confirma la creciente importancia de este tipo de oferta. “Mientras que la demanda de turismo cultural o tradicional se incrementó en un 12 por ciento el año pasado, la de ecoturismo fue del 120 por ciento”.
Pero no sólo datos fríos conformaron las distintas exposiciones. Para Aldo Saire, de la Fundación Turismo y Desarrollo Sara—Ichilo, “la idea es el realizar contactos para que todos podamos aprender de las experiencia de otros y, además, organizarnos para poder ofrecer mejores servicios”.
Este fortalecimiento se afianza en el mejoramiento de los servicios de las empresas comunitarias, el desarrollo de una mejor estrategia de mercadeo y la promoción en el exterior de los servicios.
Jorge Cárdenas, representante de Magri Turismo, asegura que ese es uno de los puntos más importantes, ya que “la mayoría de nuestros clientes, casi en un 90 por ciento, provienen del exterior”.
La cumbre fue organizada por el Comité Nacional de Apoyo al Ecoturismo (Conae), institución nacida el año 2002 y fundada por el Viceministerio de Turismo, el Servicio Nacional de Áreas Protegidas (Sernap), Estrategia Nacional de Biodiversidad, Fundación Turismo y Desarrollo (FTD), The Nature Conservancy (TNC), Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Pro-Rural, Asociación Boliviana para la Conservación – Trópico, Magri Turismo, Conservación Internacional (CI – Bolivia) y Usaid.
Todos ellos han aportado con personal e información especializada acerca de este rubro.
¿Qué es el ecoturismo?
Para Cárdenas, el ecoturismo es un recurso muy valioso, mientras Saire lo considera una alternativa de desarrollo para el futuro. Para Alex Willka, del albergue ecológico Chalalán (en Madidi), es una forma de vida y Arze asegura que es una experiencia de aprendizaje, además de diversión.
El ecoturismo consiste en la organización de visitas guiadas a zonas de conservación de flora y fauna. Allí, los viajeros pueden ver especies que, de otro modo, sólo son accesibles en un zoológico, un herbario, o en la televisión.
No es simple entretenimiento, también se trata de un viaje educativo. “Los clientes aprenden sobre las especies que conocen durante el viaje y las culturas asentadas de las zonas”, asegura Arze. Ese es uno de los secretos del éxito de las empresas turísticas comunitarias como Chalalán, en el Parque Nacional Madidi; San Miguel del Bala, frente a Rurrenabaque; Mapajo, en Pilón Lajas; y los albergues ubicados en el Parque Sajama.
La presencia de estos emprendimientos, muchos de ellos comunitarios, son también una forma de evitar que los pobladores se dediquen a depredar el medio ambiente para ganar dinero seguro.
El turismo para la conservación
“La instalación de albergues y centros ecoturísticos permiten que las comunidades obtengan ingresos que dependen de la conservación del medio ambiente. Este estímulo económico reduce las chances que se dediquen a la tala o caza ilegal”. Edwin Camacho, autoridad del Servicio Nacional de Áreas Protegidas (Sernap), considera que el fomento de las empresas legales de ecoturismo representa la creación de aliados en la protección de la ecología.
Los mismos comunarios que administran los albergues y empresas son los primeros en defender el ecosistema del lugar donde viven de los depredadores ilegales.
Por otro lado, la abundancia de sitios protegidos en Bolivia —cada departamento tiene sus parques nacionales, departamentales y municipales—ofrece un gran potencial. Además, el ecoturismo tiene relación con el rubro de la aventura, por lo que algunos gastos de infraestructura se reducen.
Muchos operadores se introducen en el negocio ofreciendo servicio de turismo aventura. “Así comenzamos nosotros. La gente llegaba para pasar emociones fuertes, pero, poco a poco comenzaron a interesarse en la ecología de las zonas donde se desarrollaban las actividades”, relata Cárdenas, de Magri Turismo.
Sin embargo, el mismo crecimiento de la demanda de este servicio ha generado varios problemas que afectan a las empresas legales y perjudican a los mismos clientes que llegan.
Los retos a superar
La preferencia por el ecoturismo ha generado la aparición de cientos de empresas informales y baratas. Cárdenas asegura que “el 80 por ciento de los operadores son informales y nos perjudican”.
Estos comerciantes no sólo no cumplen con las normas de protección, sino que mal educan los visitantes a las áreas protegidas. “Tenemos estigmatizados a algunos turistas como dañinos, pero nos olvidamos que somos nosotros quienes no ponemos un freno a las malas costumbres, todo por un par de dólares más”, reflexiona Arze. Con este obstáculo, estos negocios no llegan a cumplir con las necesidades de sus dueños.
Nuevos retos surgen en Concepción. Los operadores se deben armar para la promoción en el exterior y para mejorar sus servicios.