Los defensores del modelo constitucional indigenista y los del autonomista se acusan recíprocamente de atentar contra la unidad del país. Si bien la unidad del país junto con la paz, la justicia, la libertad y la igualdad constituyen los valores fundamentales para la vida en sociedad, la unidad y coherencia del Estado, garantizada por una Constitución, es un valor de igual importancia a los mencionados o, desde otra perspectiva, constituye un presupuesto indispensable para la realización y vigencia de estos valores.
El proyecto de Constitución del MAS (modelo indigenista), de convertirse en norma vigente, divide al nuevo Estado por dentro al contraponer distintos sistemas de representación política, justicia y autonomía. Los estatutos autonómicos (modelo autonomista), opuestos a la Constitución vigente, en su estructura orgánica y competencial, dividen al Estado actual por fuera. Ambos atentan contra la unidad y coherencia del Estado y, por tanto, contra la paz, la justicia, la libertad y la igualdad.
El fanatismo indigenista tiene que asumir que las naciones y pueblos indígenas se fundamentan en un vínculo particular que únicamente pertenece a las personas que forman parte del respectivo grupo o comunidad. En cambio, el Estado y la nación boliviana tienen como fundamento un vínculo universal que pertenece a todos los bolivianos, sin distinción de ninguna naturaleza. En el proyecto de nueva Constitución las naciones y pueblos indígenas, negando su fundamento particular, se organizan sobre una base universal, afectando la unidad y coherencia del Estado.
El fanatismo autonomista tiene que asumir que en el marco de la actual Constitución no se puede organizar la convivencia sobre la base de dos Estados distintos; uno que sólo reconoce un Congreso Nacional otro que además establece una Asamblea Legislativa Departamental; uno que reconoce prefectos de departamento con determinadas competencias y otro que los convierte en gobernadores con algunas competencias que no corresponden al cargo de prefecto; uno que distribuye determinadas competencias al nivel nacional y otro que las asigna al nivel departamental. Estado esquizofrénico.
Se necesita una nueva Constitución para un nuevo Estado Autonómico Intercultural. Nueve estatutos autonómicos no dan como resultado una Constitución. El modelo indigenista se combina con el modelo autonómico. El primero respeta la base universal de convivencia entre los bolivianos en todos los aspectos relevantes del Estado y la sociedad y, dentro de este marco, desarrolla la diversidad étnica y cultural. El segundo respeta la decisión de todos los bolivianos en la distribución de competencias (no sólo de algunos bolivianos que viven en algunos departamentos) y las competencias necesarias del nivel nacional que garantizan la unidad del Estado y el interés común de todos los bolivianos en aquellas materias que exceden el interés particular de los departamentos y municipios.
Racionalidad y cordura en lugar de fanatismo.
*Carlos Alarcón es abogado constitucionalista.
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