A estas alturas y con el cariz que ha asumido el debate político nacional, el tema de las autonomías ha ingresado en el escenario de la polarización como parte del discurso confrontador de los actores, es decir, si alguien menciona que las autonomías son favorables para el país, automáticamente es identificado con la media luna, la oposición y en contra del Gobierno; del mismo modo, señalar que las autonomías no están siguiendo el procedimiento más adecuado implica estar en contra de las mismas y uno es rápidamente identificado con la línea política gubernamental.
Algo que vale la pena recordar de manera permanente es que en las muchas propuestas de reforma estatal, presentadas a la Asamblea por distintos actores sociales y políticos, no existe ninguna que defienda el Estado centralista. Las propuestas evidentemente varían de forma sustancial, pero quizás es momento de retomarlas para no limitar la discusión a la propuesta constitucional del MAS versus los estatutos, que ya han merecido diversos análisis y comparaciones en los últimos meses, y que sin excepción concluyen que existen serias incompatibilidades entre ambos, por lo que estaríamos verdaderamente entrampados en relación con el tema. Lo que corresponde es, pues, abrir nuevamente el debate pero retomarlo en su esencia y ligado a las propuestas y expectativas de la sociedad.
Está por demás argumentado que la autonomía no es un fin en sí mismo sino un medio para lograr mejores condiciones de vida para la población y para mejorar la calidad gubernativa del Estado, en esa medida tiende a su fortalecimiento —y no a su división—. Las propuestas originales de las organizaciones expresan sus expectativas sobre el tema y son múltiples y diversas: Mientras unas plantean la desestructuración total, es decir, una reterritorialización del país de acuerdo con usos y costumbres eliminando las actuales sobreposiciones coloniales, en base a los suyus o ayllus (propuesta de Felipe Quispe) o las Unidades Territoriales Indígenas Autónomas (UTIAS) recuperando al Tentaguasú (pueblo guaraní) y asentadas en la autodeterminación; otras plantean la recuperación parcial de las actuales unidades como los municipios, las TCO o las provincias agrupándolas de distinta manera (CSUTCB, CIDOB e incluso la Conamaq), y por último, otras organizaciones parten de la necesaria combinación entre el actual y el nuevo ordenamiento, por ejemplo, asumiendo las autonomías departamentales, pero combinadas con las autonomías indígenas (colonizadores y algunas propuestas de regiones pequeñas como el chaco, la amazonia o los Lípez). Pero también hay matices en las propuestas cívico-regionales que ya se han podido percibir en sus respectivos estatutos, aunque todos ellos parten de la base departamental como unidad básica de descentralización.
Por otra parte, un conjunto de propuestas de instituciones e intelectuales han trabajado ya en el intento de resolver técnicamente la compatibilización de estas propuestas originales que, por supuesto, no están plasmadas ni en los estatutos hasta ahora conocidos ni en la propuesta de Constitución del oficialismo, que como señalaba al principio tienden a convertir a la autonomía en un instrumento de negociación antes que orientarlas a sus posibilidades reales de aplicación concertada.
*María Teresa Zegada es socióloga.
La amistad con EEUU
Evo Morales está actuando en política exterior como si estuviera en los sindicatos cocaleros, en los que se habla con la rudeza y la tosquedad propias de esos medios. Cuidado que alguien pierda los estribos y le diga cosas que en el país nadie quiso hacerlo
Hacia Marte
Sin haberlo comido ni bebido, constatamos que el planeta Tierra ha empezado a morir, los daños ecológicos son irreversibles. Estados Unidos sabe con certeza que nuestro mundo está agonizando, que su fin está próximo.
Invierno en el Cono Sur
...muestra de nuevo los efectos perniciosos de la política populista envuelta en un manto de nacionalismo sobre los recursos naturales...
¿La corrupción? Bien, gracias
El paradigma de la conducta humana que asume que ciertos factores influyen directamente en una opinión política y que la conducta final es coherente con dichos factores y opinión, es engañoso.